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Cecilia López Montaño
análisis

Los grandes problemas de la industria en Colombia son viejos

Cuando se analizan los problemas actuales, las explicaciones encuentran muchas similitudes con aquellos de sus primeras etapas.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
octubre 16 de 2019
2019-10-16 08:04 p.m.
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Un estudio de Gabriel Misas de los 90’s y uno reciente del Banco de la República, permiten entender muchas de las razones de los problemas actuales de la industria colombiana que no se limitan ni a los impuestos que pagan ni a los costos laborales que buscan reducir, como pregonan sus distintos gremios. Muchas de sus problemas que se identifican actualmente en estas actividades vienen de atrás sin que se hayan logrado cambiar sustantivamente para convertir la industria en el generador de crecimiento y de empleo que el país requiere. La pregunta obvia es ¿por qué?

Colombia llega tarde a la industrialización y es en la década de los 50 del siglo XX, al adoptar el modelo Cepalino de la época, la sustitución de importaciones, cuando este sector empieza a mostrar una mayor dinámica. Misas anota un hecho interesante. Afirma que en “Colombia, la sustitución de importaciones fue un acuerdo entre dos clases económicas: cafeteros e industriales, los primeros proveían divisas a los segundos para que estos últimos compraran insumos [IMPORTADOS]a bajos precios”. Es decir, desde un principio, la industria en el país se ha caracterizado por la importación de insumos, pero además bajo los principios de una política económica proteccionista. Este acuerdo orientó la política económica a un enfoque de protección comercial de este tipo de actividades, conservación del ingreso real del sector cafetero y una política monetaria enfocada en el fomento al crédito al sector exportador [MISAS A. 2001].

También anota Misas que “una característica de este proceso de industrialización fue el poco desarrollo del mercado interno, lo que generó que ciertas empresas realizaran inversiones en otras empresas, conformándose así los conglomerados económicos” [MISAS A. 2001]. Una mirada desapasionada a la historia económica demostraría que a diferencia de otros países, en Colombia las familias dueñas de industrias poco han cambiado pero sí se han diversificado ocupando otros sectores económicos. Por consiguiente, la concentración del poder económico en el país no debería sorprender a nadie.

A diferencia de Brasil y Argentina, afirma Misas, el proceso de industrialización por sustitución de importaciones se concentró en bienes de consumo no durables, en vez de producir bienes con alto valor agregado, haciendo que el proceso de industrialización más bien fuera un proceso de desindustrialización. Esta característica también se asocia con el poco avance tecnológico de este sector. Pero lo más serio, como lo anota también Kalmanovitz, es que bajo este esquema, el sector industrial llegó a representar en 1975 el 25% del PIB [Kalmanovitz 2019] y ahora según el estudio del Banco de la República solo contribuye con el 10% al PIB pero por los encadenamientos que genera, su aporte a la cadena de valor es del 30% [Carranza R. et al. 2018].

Cuando se analizan los problemas actuales del sector industrial y las explicaciones que se ofrecen se encuentran muchas similitudes con aquellos de sus primeras etapas. Sigue siendo una actividad con más vocación importadora que exportadora; sigue siendo importador de materia primas y la economía sigue exportando materias primas; su canasta exportadora tiene poco valor agregado y no valora suficientemente la demanda interna. Ahora bien los elementos del estudio del Banco de la República ameritan ser estudiados seriamente por sus respectivos gremios.

En primer lugar, señala esta investigación, que hay una gran dispersión en temas de los impuestos que pagan las industrias porque un sector contribuye al fisco con impuestos menores al 20% y otro sector lo hace con impuestos superiores al 60%. Como este dato es el que presentan los dueños de estas actividades, es hora de que el Estado defina claramente quienes son los que tienen tan bajas tasas de contribución. ¿No serán las grandes empresas que se beneficiaron de la “confianza inversionista” con los Contratos de Estabilidad jurídica, y las zonas francas a domicilio? Pero también esta dispersión se da en términos de productividad [Carranza R. et al. 2018].

Como esto sucede aún en términos más graves con la situación del sector agropecuario estancado y de la agroindustria, llegó la hora de cuestionar la política económica. Ya Kalmanovitz lo empezó a plantear en su columna reciente: se alaba la política macro, la de los grandes agregados, pero nadie cuestiona por qué no se ha desarrollado la verdadera capacidad productiva del país [Kalmanovitz 2019]. ¿Es que acaso producir para crecer, generar empleo y bienestar no es responsabilidad de la política económica? ¿No será que en esa indiferencia de los responsables de la política económica en los temas productivos, no estarán las causas del crecimiento sin empleo que hoy sufrimos y que poco explican quienes deberían hacerlo?

Cecilia López Montaño
Exministra y exsenadora
cecilia@cecilialopez.com

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