1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Cómo tratar con el dragón

Colombia y China cumplen 40 años de relaciones en febrero de 2020. Además de los negocios, hay que darle un espacio a la geopolítica.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 27 de 2019
2019-10-27 08:20 p.m.
https://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2019/09/16/5d7ff0bcd1bd5.png

Dos de los proyectos de infraestructura más importantes del año –la primera línea del metro de Bogotá y la subasta de energías renovables no convencionales– tuvieron como protagonistas a empresas chinas.

El metro capitalino fue adjudicado hace 10 días a un consorcio de firmas del gigante asiático –China Harbour y Xi’An Rail–, mientras que los tres proyectos de granjas solares asignados quedaron en manos de Trina Solar, un fabricante chino de paneles.

A pesar de que en los últimos años ha crecido el interés de empresas chinas en el país y que 31 de ellas asistirán a la cumbre de inversión de ProColombia de esta semana, las relaciones comerciales tienen mucho espacio para crecer.

Entre 2000 y 2018 el flujo de inversión directa de China a Colombia acumuló 243 millones de dólares, ocupando el trigésimo segundo lugar dentro de los países que invierten en nuestro país. Según cifras del Banco de la República, el monto de inversión directa el año pasado fue de 31,4 millones de dólares de un total de 11.535 millones.

Si bien el régimen de Beijing lleva varios años interesado en fortalecer el comercio y los negocios de infraestructura y energía en América Latina, otros países del vecindario han aprovechado ese interés con mejores resultados.

De acuerdo al American Enterprise Institute, las inversiones chinas en países suramericanos alcanzaron los 166.000 millones de dólares desde 2005. Brasil, por ejemplo, se ha beneficiado de la guerra comercial entre China y EE. UU. para incrementar su venta de productos agrícolas con un superávit de 30.000 millones de dólares.

Estas relaciones empujaron al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, a dar un giro de 180 grados en su postura inicial de desconfianza hacia Beijing y visitar al líder chino, Xi Jinping, para invitar a los chinos a aumentar los negocios y el turismo.

Colombia y China cumplen en febrero próximo 40 años de relaciones diplomáticas. Este aniversario implica una excelente oportunidad para discutir y definir cuál debe ser el marco de relación de nuestro país con la segunda potencia global.

Los chinos ya han fijado las avenidas por dónde transitarán sus inversiones internacionales, especialmente en infraestructura, su cooperación económica, su diálogo político y su intercambio cultural. Se llama la Iniciativa “Belt and Road” –la Franja y la Ruta–, lanzada por el presidente Xi en 2013 y hoy presente en 61 naciones.

Diecinueve países americanos se han unido a este programa bandera de la política exterior de Xi y han recibido financiamiento para diversos proyectos de infraestructura. También es cierto que las grandes economías de América Latina siguen sin sumarse a la Franja y la Ruta, y hay muchas alertas sobre el excesivo endeudamiento en algunos países miembros.

Cualquier análisis sobre las relaciones entre Colombia y China no puede evitar abordar la estrecha cercanía de nuestro país con Estados Unidos, no solo comercial, sino estratégica en temas de seguridad y cooperación judicial. Aunque esos lazos con Washington son muy fuertes, la consolidación del régimen de Beijing en el escenario global es una realidad geopolítica.

La reciente visita del presidente Duque a China trajo acuerdos en varios temas, impulsó diversos productos agrícolas y envío un mensaje de confianza a los inversionistas chinos, que ya está dando frutos.

Sin embargo, los aspectos comerciales deben profundizarse en sincronía con una estrategia más definida sobre el futuro de las relaciones chino-colombianas. Esta estrategia no se debe limitar a unirse o no a “Belt and Road”, sino incluir también nuevos puentes de diálogo político y geoestratégico con China.

Sin restarles importancia a los negocios y a la infraestructura, hay que darle un espacio a la geopolítica.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes