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Ricardo Ávila
Editorial

Con el alga al cuello

La emergencia que enfrentan los hoteleros del Caribe mexicano debido a la presencia de una enorme masa de sargazos es motivo de alerta.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 03 de 2019
2019-07-03 09:17 p.m.
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Aquellos que alguna vez leyeron a Julio Verne quizás recordarán que en su novela “Veinte mil leguas de viaje submarino”, el Nautilus que comanda el capitán Nemo atraviesa el mar de los sargazos. Sin haber salido mucho de su Nantes original, es muy posible que el escritor francés hubiera escuchado las historias de los navegantes que al cruzar el Atlántico septentrional se encontraban con una extensa zona llena de algas, reportada originalmente por el propio Cristóbal Colón. 

Esas menciones en la literatura poco tienen que ver con la emergencia que por estos días enfrentan los hoteleros ubicados en el Caribe mexicano. Desde hace semanas las imágenes de satélite detectaron una mancha de 550 kilómetros de longitud, que está a punto de tocar la costa de la península de Yucatán.

La masa en cuestión está compuesta de sargazo. Aunque no es la primera vez que el fenómeno ocurre, no existen precedentes de nada similar pues el área cubierta por las plantas marinas equivale a la de Jamaica. Despejar la zona requerirá de enormes esfuerzos que, seguramente, tendrán que repetirse en un futuro.

El motivo es, según los científicos, que tanto la deforestación, como el uso de fertilizantes que acaban llegando al océano elevan la cantidad de nitrógeno. Lo anterior, combinado con el calentamiento global que se expresa en mayores temperaturas, lleva a que las algas crezcan y se multipliquen a tasas nunca vistas.

En un comienzo, la proliferación de la vegetación sirve para que la fauna se alimente. No obstante, cuando el sargazo llega a la orilla empieza a descomponerse, dando origen a gases, ácidos y metales pesados que llegan al mar.

Para los turistas, la primera sorpresa es que en lugar de las playas paradisíacas que encuentran en los folletos promocionales, lo que hay es una superficie café de la que se desprende un olor desagradable. A cambio del agua color turquesa aparecen olas de color marrón en las que nadie juega.

Más graves son otro tipo de daños. Los investigadores dicen que los niveles de oxígeno en las zonas afectadas se desploman, lo cual impacta la vida de los corales. Dado que en el área comprometida existe la segunda barrera de mayor tamaño en el planeta, el perjuicio puede ser irreparable si no hay una reacción rápida y contundente.

Hasta la fecha, son más los esfuerzos aislados. Estos consisten en la contratación de cuadrillas de trabajadores, por parte de los hoteles, que usan rastrillos y cargan los desechos vegetales en volquetas, con el fin de mantener limpio un punto específico.
Desde hace unos días, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador le pidió a la marina mexicana que se movilizara con el fin de desplegar barreras y usar buques que recolecten el sargazo antes de que se acerque a la línea costera. Sin embargo, ese esfuerzo es considerado como tímido dada la magnitud del desafío, pues el sector privado señala que el presupuesto asignado es una décima parte de lo que se necesita.

De manera inmediata está en juego la temporada turística. No hay que olvidar que en el estado de Quintana Roo que aloja a Cancún, Tulum y otros destinos apetecidos, hay más de 90.000 camas para recibir visitantes, más de cuatro veces las que ofrece Cartagena. El gran temor es que si la emergencia no se contiene, muchos se irán a otros lugares, para no hablar de afectaciones más duraderas.

Pero aquí lo importante es tomar nota de lo que significa el cambio climático para la llamada industria sin chimeneas. A la luz de las nuevas circunstancias, los países están obligados a responder con más velocidad. Colombia, que también cuenta con un extenso litoral en el Caribe, debería registrar que la proliferación de los sargazos es apenas uno de los múltiples retos que vendrán de ahora en adelante.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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