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Ricardo Ávila
Editorial

Brasil, al menos trata

La propuesta de reforma pensional presentada por el Gobierno de Jair Bolsonaro exige meterse con edad y cotizaciones

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 24 de 2019
2019-02-24 04:50 p.m.
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Al gobierno de Jair Bolsonaro, que no completa todavía dos meses en el poder, las cosas no le han salido fáciles. Las tensiones internas, que ya le costaron el puesto a un ministro clave y una compleja relación con el Congreso, llevan a pensar que la luna de miel del mandatario brasileño con la opinión empieza a acabarse.

Es casi seguro, además, que la popularidad presidencial saldrá golpeada por cuenta de la propuesta de reforma pensional dada a conocer la semana pasada. A fin de cuentas, la iniciativa busca recortar una serie de beneficios, por lo cual es entendible que cerca de un 70 por ciento de la opinión la evalúe negativamente.

No obstante, los mercados saludaron con agrado el anuncio. El motivo es que el esquema actual es insostenible, pues su costo representa el 13 por ciento del Producto Interno Bruto y muestra una clara tendencia al alza que apunta a hacerlo impagable. Para los economistas, no existe un riesgo que supere el escenario de un estallido de esta especie de bomba financiera, cuyo tic-tac suena más con el paso del tiempo.

Los datos hablan por sí solos. Mientras hace 25 años había un jubilado por cada 12 trabajadores, para el 2015 la proporción había caído a uno por cada siete. De seguir las cosas como están, el esfuerzo presupuestal para completar los dineros que contribuyen quienes forman parte de la fuerza laboral, será impagable, entre otros motivos porque viene una oleada de beneficiarios adicionales debido a la demografía.

Todo nace de un sistema que permite retirarse tras 30 años de cotizaciones, independientemente de la edad del usuario, con lo cual es usual encontrar personas que reciben su mesada con 55 años o menos, e, incluso, hay quienes obtienen dos pagos de fuentes distintas.

Aunque eso puede parecer el mundo ideal, la verdad es que recursos que se podrían usar para mejorar la infraestructura o cerrar las brechas en una de las sociedades más desiguales de América Latina, se van en mesadas que aumentan la inequidad.

En consecuencia, el ajuste consiste en cambiar de manera gradual –hasta finales de la década que viene– los parámetros y elevar la edad mínima para pensionarse a 62 años para las mujeres y 65 para los hombres, aparte de variar las tablas de aportes con el fin de hacerlas más progresivas o permitir la creación de cuentas de ahorro individual.

Grupos específicos de empleados, como los maestros en zonas rurales o los integrantes de las Fuerzas Militares, conservarían parte o la totalidad de los privilegios presentes, para controlar los focos de descontento.

Aun así, el cálculo es que el ahorro sería de 270.000 millones de dólares en diez años, con lo cual la sostenibidad fiscal mejoraría de forma sustancial.

A fin de cuentas, el déficit público asciende al equivalente del 7 por ciento del PIB, nivel que rebasa, de lejos, los parámetros de la prudencia y apunta a ser mayor si la cirugía pensional fracasa.

Esa es la gran incógnita ahora. Conseguir el apoyo de tres quintas partes del Congreso va a ser difícil, sobre todo porque hay una gran fragmentación que hace difícil tener mayorías, aparte de una notoria polarización.

Los observadores recuerdan que hace un año Michel Temer fracasó en el intento, a pesar de sus contactos parlamentarios.

Pero los analistas creen que algún ajuste será posible, porque propios y extraños consideran que cruzarse de brazos no es una opción válida. Falta ver qué tan grande es la ‘peluqueada’ que recibirá el texto gubernamental, antes de sacar conclusiones.
Entre tanto, vale la pena destacar el contraste entre Brasil y Colombia.

Mientras allá, la administración lo intenta y reconoce que la solución exige meterse con edad y cotizaciones, acá el tema sigue congelado.

Es verdad que el tamaño de nuestro problema es menos grave, aunque eso no quiere decir que sea menor. Aplazar la discusión del asunto, no es la forma de solucionarlo.

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