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Ricardo Ávila
Editorial

El manejo de una realidad

América Latina dejó de ser el sitio de mayor dinámica de migrantes en el mundo, pero eso no quiere decir que el tema haya pasado a segundo plano.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 19 de 2019
2019-02-19 08:11 p.m.
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Las imágenes de caravanas de personas que atraviesan Centroamérica con la intención de entrar a Estados Unidos, o la diáspora venezolana que llega a varios países de la región –en especial a Colombia–, son evidencia de que la migración es un fenómeno presente en Latinoamérica y el Caribe, cuyas poblaciones son de las más decididas a la hora de buscar fortuna allende las fronteras. Sin embargo, un reciente informe del Pew Research Center, sustentado en cifras de Naciones Unidas y de la Oficina del Censo de Estados Unidos, señala que la región redujo sustancialmente su porcentaje de población migrante entre los años 2010 y 2017.

Según el análisis, América Latina y el Caribe dejó de ser la mayor fuente de personas que van a otros lugares, un título que mantuvo entre 1990 y el 2010. De acuerdo con las datos recopilados por el centro de investigaciones, la población migrante –es decir, las personas que viven fuera de su lugar de origen– creció 7 por ciento entre el 2010 y el 2017, mientras que la tasa mundial alcanzó el 17 por ciento en el mismo periodo.

A pesar de es menor ritmo, la región es todavía una protagonista del tema en el ámbito global. Para el 2017, cerca de 37 millones de nativos de esta parte del mundo vivían fuera de su país de origen (en el 2010 eran 35 millones), es decir, al menos un 15 por ciento del total del planeta, que asciende a más de 250 millones de individuos.

Sin embargo, lo que vale la pena resaltar es lo que se podría describir como un aplanamiento de la curva. Entre 1990 y el 2000, según el estudio señalado, la población migrante de esta parte del mundo aumentó 58 por ciento, un crecimiento del 44 por ciento entre el 2000 y el 2010.

Ahora, las regiones con mayores alzas en su población migrante son Medio Oriente y África del Norte (38 por ciento) y África Subsahariana (32 por ciento). A su vez, Asia Pacífico es la mayor aportante de migrantes internacionales, con 85 millones de personas, por cuenta de India, Pakistán o Filipinas.

Pero, ¿cuáles son las razones para el cambio de ritmo en América Latina y el Caribe? La respuesta no estaría en una marcada mejora de las condiciones internas de cada país para sus pobladores que se aventuran a buscar suerte en otras naciones, sino en las, cada vez más, estrictas políticas de migración por las que han optado Europa y Estados Unidos, principales receptores de este fenómeno. Para 1990, el 62 por ciento de los migrantes latinos y caribeños tenía como destino el norte del hemisferio, cifra que creció cinco puntos porcentuales para el 2017. A su vez, la tasa europea registra alzas: pasó del 7 por ciento en 1990 a 12 por ciento en el 2017.

El endurecimiento de las políticas migratorias por parte del Tío Sam, así como la creciente aversión por recibir refugiados en varios países de Europa, están marcando la agenda de la movilidad de las personas que salen de su tierra con el anhelo de construir una vida diferente.

Y no se trata del consabido muro en la frontera que separa a mexicanos y estadounidenses. Las deportaciones masivas que comenzaron a hacerse evidentes desde la época de Barack Obama han hecho más riesgoso el proceso de radicarse en América del Norte. A su vez el Viejo Continente mantiene controles estrictos que sufren quienes logran cruzar el Mediterráneo o llegar de otra parte y anhelan ser asimilados.

Aun así, las entidades multilaterales insisten en que cerrar puertas no es la respuesta indicada, especialmente en aquellas sociedades que registran una caída en su población debido al desplome en la fecundidad. Un proceso ordenado es lo que conviene a receptores y emisores en diversas latitudes.

Esa afirmación no quiere decir que el asunto sea fácil. El auge de los nacionalismos es una realidad, pues hay quienes se sienten amenazados por los recién llegados. Encontrar la fórmula adecuada es un enorme desafío para un mundo en el que abundan las brechas, así los latinoamericanos no sean ahora los responsables de las grandes corrientes migratorias.

Ricardo Ávila Pinto 
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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