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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Empresarios ausentes

Los líderes del sector privado en Colombia deben participar de los debates actuales sobre el papel de las compañías en la sociedad.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 02 de 2019
2019-10-02 09:08 p.m.
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“Ausente”. Así definió Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a la clase empresarial colombiana en una entrevista para El Tiempo el pasado domingo.

Moreno es aún más contundente: esa ausencia del sector privado nacional “hace mucho daño”. Más allá del trabajo de veteranas organizaciones gremiales, la sociedad colombiana no conoce, y mucho menos escucha, a los líderes empresariales.

El llamado de atención del presidente del BID no puede caer en el olvido ni en la indiferencia. Los empresarios colombianos necesitan no solo hacer mayor presencia en los debates nacionales sino también exponer abiertamente sus posturas sobre los asuntos de interés económico y social.

Por muchas razones, que incluyen la violencia y la inseguridad, las principales cabezas del sector privado del país han optado por décadas, por el bajo perfil y por el silencio estratégico. Han sido los dirigentes gremiales quienes han llevado la batuta en la defensa legítima de sus respectivos intereses sectoriales. Y en contadas excepciones, la defensa pública de la libertad de empresa.

No obstante, los vientos a favor de la actividad empresarial se han venido enrareciendo en el mundo desde la crisis financiera de 2008. Una combinación de la creciente inequidad, los multimillonarios salarios ejecutivos, más preocupación por el ambiente y un creciente poder digital de los consumidores ha generado un delicado entorno para los líderes y accionistas de las grandes compañías globales.

Tan delicado que, como lo informa la revista The Economist, la sola idea de un capitalismo basado en que las empresas generen utilidades para sus accionistas está en tela de juicio.

En Colombia, la narrativa antiempresarial es de larga data. Especialmente aquella que acusa a muchas grandes compañías de abusos monopólicos o a sectores enteros, de corrupción.

No se puede negar que hay mercados locales con poca competencia ni que las propias autoridades han descubierto carteles y otras operaciones ilícitas en conocidas firmas. Sin embargo, la generalización sobre todo el sector privado es injusta pero desafortunadamente cada vez más popular.

Según la más reciente encuesta Gallup, menos de la mitad de los colombianos (49 por ciento) tiene una imagen favorable de la clase empresarial nacional mientras que el 42 por ciento la rechaza. Es el segundo índice de aceptación más bajo en 19 años de la medición.

Los discursos orientados a minar la libertad de empresa y los beneficios de la actividad empresarial se sintonizan con un surgimiento global de fuertes bloques populistas a los lados izquierdo y derecho del espectro ideológico. Aún peor, la narrativa además apunta a responsabilizar a las empresas de complejas problemáticas sociales, ambientales y laborales que azotan nuestras sociedades.

En Estados Unidos la reciente respuesta de 200 ejecutivos agrupados en la Business Roundtable fue proponer un cambio de paradigma: el objetivo de las empresas ya no es solo crearles valor a los accionistas sino invertir en los empleados, apoyar comunidades y negociar éticamente con los proveedores.

Más allá de la viabilidad de esa declaración, lo destacable es la manifestación de preocupación de estos presidentes corporativos.

El empresariado colombiano debe romper su silencio y enviar un mensaje de sintonía con los problemas actuales de nuestra sociedad. Los líderes empresariales necesitan participar del debate contemporáneo sobre el papel y el propósito no solo de las empresas sino también del capitalismo mismo.

Se ha dado por sentado por mucho tiempo los beneficios de la libre empresa. Los ataques contra ese principio no cesarán.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
@pachomiranda

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