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Ricardo Ávila
Editorial

Ni mucho ni poco

En materia de viajes afuera del presidente de turno, hay extremos como el de México que, así sean populares, no necesariamente funcionan.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 27 de 2019
2019-06-27 09:33 p.m.
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Que los viajes presidenciales son motivo de polémica, independientemente de si son muchos o pocos, es algo que se comprueba en el caso de México. Justo cuando los mandatarios de los países que conforman el Grupo de los Veinte arriban a Osaka, con el fin de asistir a la cumbre anual en la cual se les pasa revista a los asuntos globales, Andrés Manuel López Obrador seguirá en su despacho y con su agenda usual, concentrada en asuntos domésticos.

A casi siete meses de haber asumido el cargo, el presidente mexicano desaprovechó la ocasión de conversar directamente con Donald Trump, Xi Jinping o Vladimir Putin, entre otros líderes. Artículos de prensa han señalado la equivocación que representa esa señal de aislacionismo, en una nación que tiene múltiples tratados de libre comercio vigentes y que ha recibido cientos de miles de millones de dólares en inversiones. Si bien el canciller Marcelo Ebrard ocupará el espacio, propios y extraños saben que no es lo mismo.

Es conocido que AMLO no es amigo de la agenda internacional. Aparte de que puso en venta el avión que había adquirido su predecesor, lleva dos años sin salir de su terruño y nada hace pensar que cambie de actitud. Asistir a posesiones presidenciales en la región, eventos de tipo académico en ciudades foráneas o citas con empresarios privados, no le llaman la atención. Quien lo quiera ver debe llegar a su oficina o acudir a la tecnología, como hizo hace poco Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook.

Son muchos quienes creen que ese desinterés tendrá costos. Aparte de haber acabado con ProMéxico, que era considerada una agencia modelo en la promoción de los atractivos que ofrecía la segunda economía más grande de América Latina, sus ministros están concentrados en mirar hacia adentro. Las cifras muestran una reducción en los flujos de capitales y el desánimo entre los empresarios es evidente.

En contraste, el debate en Colombia es de otro orden. Buena parte de las intervenciones públicas de Iván Duque y su ministro de Relaciones Exteriores a comienzos de la semana, se concentraron en defender las bondades de la diplomacia presidencial. En los diez meses y medio que lleva en el cargo, el mandatario ha hecho 17 viajes afuera, incluyendo el juramento de López Obrador el primero de diciembre del 2018.

Dicho guarismo no se aparta de lo hecho por otros inquilinos de la Casa de Nariño. Además, hay un argumento en favor de asumir un liderazgo regional, dada la debacle de Venezuela o el vacío que se crea por cuenta no solo de México, sino de la crisis argentina y el debate interno en el Perú. Bajo esa lógica, agitar el pabellón tricolor en tantas latitudes como se pueda, nos pone en el radar de multinacionales o de inversionistas institucionales.

A lo anterior hay que agregar que el país busca posicionarse como un buen lugar para hacer negocios. Independientemente de la controversia entre partidarios del sí y del no, el acuerdo con las Farc es bien visto, al igual que la posición geográfica, las riquezas naturales o el tamaño del mercado interno.

Lo anterior choca con la percepción popular, según la cual compromisos externos y turismo oficial, son sinónimos. Aunque los periodistas que cubren los desplazamientos presidenciales saben que las agendas son intensas, el público cree otra cosa. Y el Gobierno cae en actitudes defensivas que despiertan suspicacias, como prometer la llegada inminente de miles de millones de dólares.

Ubicarse en el extremo de México sería un error, como también lo es asumir una actitud vergonzante o inflar resultados que pocos creen. Duque debe seguir viajando, pero sin excederse en los días afuera y sin desconocer las urgencias internas. De lo contrario, las críticas cada vez que se suba al FAC 001, le volverán a llover.

Ricardo Ávila Pinto 
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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