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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

País de intermedias

Los datos finales del Censo 2018 ratifican a Colombia como territorio de urbes medianas en mora de políticas más focalizadas.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 20 de 2019
2019-10-20 07:00 p.m.
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El Departamento Nacional de Estadística (Dane) entregó la semana pasada los resultados finales del Censo 2018, ajustados por cobertura.

Con estos datos la organización estadística concluyó que la población colombiana aumentó un 11,1 por ciento en los últimos 13 años. La tasa de crecimiento promedio anual a nivel de nacional fue de 0,91 por ciento y de 1,02 por ciento para las cabeceras.

Uno de los aportes más significativos del ejercicio censal es precisamente tomar una fotografía instantánea de la población y su distribución en el territorio. En otras palabras, identificar cómo y dónde están repartidos los 48,2 millones de colombianos.

Esa foto del país modelo 2018 confirma muchas tendencias poblacionales que ya se venían presentando desde censos anteriores. Una es el peso de Bogotá, con sus 7,4 millones de habitantes, dentro de la población total. Otra es que se mantiene el orden de las tres grandes urbes que le siguen: Medellín, Cali y Barranquilla.

Una de las dinámicas más desafiantes que surgen de esa distribución de la población tiene que ver con las llamadas ciudades intermedias, aquellas entre 100 mil y un millón de habitantes.

El número de centros urbanos en Colombia dentro de este rango ya alcanzaron los 66. De hecho, son 58 urbes que registran una población entre 100 mil y medio millón mientras sólo 8 entre medio millón y el millón de habitantes.

Dentro de este último grupo se encuentran capitales como Cartagena- bordeando el millón- y Bucaramanga- 581 mil. Pero también entran ciudades que responden a dinámicas económicas específicas. Villavicencio, por ejemplo, con una tasa de crecimiento varios puntos por encima del promedio nacional así como Bello, con 522 mil, que integra el área metropolitana de Medellín.

Soledad y Soacha -ambas con más de 600 mil personas que las meten dentro del top ten de las ciudades más pobladas del país- están conurbadas con Barranquilla y Bogotá, respectivamente.

La siguiente categoría es mucho más heterogénea. Casi 60 municipios entre 100 mil y medio millón de habitantes que cuentan el relato no sólo del crecimiento económico de las últimas décadas sino también el del desplazamiento, la migración y la violencia.

Más de 11 millones de compatriotas, casi un cuarto de la población total, viven en estas ciudades de tamaño mediano. En este grupo están las ciudades “dormitorio” que rodean las áreas metropolitanas más populosa como los municipios sabaneros alrededor de Bogotá. Mosquera, por ejemplo, duplicó su población en 13 años.

Asimismo están centros regionales dinámicos como Valledupar y Montería en la Costa Caribe y Yopal en los llanos orientales.

El crecimiento de las intermedias no es un fenómeno nuevo ni reciente. De hecho, muchos estudios y diagnósticos se han realizado para identificar los retos de estas aglomeraciones así como sus necesidades.

Es evidente que su heterogeneidad demanda un abordaje con políticas urbanas más focalizadas. Si bien su población puede ser similar, estas urbes cuentan con diferentes actividades económicas, capacidades institucionales y dinámicas demográficas.

Los instrumentos de política no pueden ser los mismos para atender los problemas urbanos de Malambo, cercano a Barranquilla, que los de Ipiales, en la frontera con Ecuador, o Quibdó, la capital chocoana.

El ascenso de las intermedias es mucho más que los indicadores de construcción, la llegada de centros comerciales o de tiendas de marca de cobertura nacional. Los datos del Censo no sólo sirven para las transferencias. Son la base para diseñar políticas diferenciadas para resolver los retos urbanos de estas ciudades medianas.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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