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Ricardo Ávila
Editorial

El corte de cuentas

Crecimiento al alza, inflación bajo control, estabilidad cambiaria y dolores de cabeza fiscales, resumen la herencia que recibe Duque.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 02 de 2018
2018-08-02 09:13 p.m.
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Faltan apenas cuatro días antes de que Iván Duque tome posesión como presidente de los colombianos y, a juzgar por las declaraciones hechas hasta ahora, la economía está en el centro de sus preocupaciones. El motivo de que así sea es obvio. El cumplimiento de las promesas hechas durante la campaña, el clima de opinión que acompañará al futuro Gobierno y la tranquilidad en materia social, estarán atadas al desempeño de la actividad productiva.

Por tal motivo, vale la pena examinar cómo están las cosas y si hay peligros inminentes que exijan reacción inmediata, más allá de las reformas que están en la agenda y que se refieren a cambios más estructurales. Estás incluyen, entre otras, una propuesta tributaria, que se conocería en los próximos días, y una pensional que, eventualmente, sería el plato fuerte de la siguiente legislatura.

Sin embargo, el corte de cuentas hay que hacerlo sobre lo actual. La lista de chequeo comienza con los principales agregados macroeconómicos, cuyo panorama es aceptable. Los datos disponibles dicen que el crecimiento muestra tendencia a la mejoría, tras un primer semestre en el cual la expansión del Producto Interno Bruto habría sido inferior al 2,5 por ciento.

Para que se cumplan las proyecciones del Banco de la República que hablan de 2,7 por ciento para el 2018, la segunda parte del año tendría que darse una dinámica superior al 3 por ciento anual. En tal sentido, no solo los comportamientos de la industria y el comercio son alentadores, sino que la confianza del consumidor experimenta un repunte significativo. La mejora en las ventas de vehículos en julio sugiere que hay más apetito de compra de activos durables.

En lo que atañe a la inflación, la situación parece estar bajo control. Después de haber llegado a un máximo del 9 por ciento anual hace dos años, ahora el aumento en el Índice de Precios al Consumidor se ubica en 3,2 por ciento, lo cual lo deja cerca de la mitad del rango definido como meta de largo plazo por el Emisor. Es previsible una pequeña aceleración en lo que queda del año, de orden menor.

Debido a la relativa estabilidad en ese frente, la tasa de interés que maneja el Banco debería mantenerse constante, lo cual revierte en beneficios para los usuarios del crédito. El hecho de que la tasa de usura se encuentre por debajo del 30 por ciento anual, confirma que el costo del dinero viene en descenso.

Por su parte, hay calma con respecto a la tasa de cambio. Si bien existe una presión internacional en favor de un dólar más fuerte, los precios del petróleo –40 por ciento más elevados que hace 12 meses– actúan de contrapeso, con lo cual el billete verde debería seguir oscilando alrededor de los 2.900 pesos.

Si bien ese nivel implica una ligera revaluación de la moneda, las exportaciones crecieron a un ritmo del 15 por ciento en el primer semestre. Es verdad que hidrocarburos y carbón influyen mucho en ese desempeño, pero las ventas de bienes industriales tampoco van mal. Entre los renglones que vale la pena seguir, el café es el que enciende las luces de alerta.

Dos asuntos adicionales merecen especial atención. El primero es el desempleo, cuyas cifras recientes muestran un deterioro atribuible a sectores como la construcción. El segundo es la situación fiscal, que dista de ser holgada. Aunque todo apunta a que se cumplirá la meta con respecto al déficit, es probable que sea obligatorio un recorte presupuestal antes de que termine diciembre.

La situación de las finanzas públicas es el principal dolor de cabeza que hereda Duque. Si se adoptan remedios eficaces a tiempo, el mal se podrá curar. Afortunadamente, eso sucede con una economía en recuperación que pudo salir de cuidados intensivos. Así es más fácil tomarse las medicinas que faltan, para que lo que viene sea mejor.

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