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Ricardo Ávila
Editorial

Empleo, el gran desafío

El aumento en los niveles de desocupación pasa a ocupar los primeros lugares en la lista de dolores de cabeza que requieren atención.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 04 de 2018
2018-01-04 08:52 p.m.
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Al comienzo era solo un indicio. Ahora es una certeza. Así podría describirse la evolución de las cifras del mercado laboral en Colombia que muestran un franco deterioro, suficiente para inquietar a los analistas que saben que el consumo interno es el principal motor de la economía.

Y es que del estancamiento de hace unos meses pasamos a dar marcha atrás. Así lo confirman las más recientes estadísticas del Dane, cuyos resultados pasaron a segundo plano en medio de las festividades de finales del 2017.

Los datos correspondientes a noviembre dejan en claro que tanto a nivel nacional como en las trece áreas metropolitanas de mayor tamaño, la fotografía empeora. Para comenzar, la tasa de desempleo en el país llegó a 8,4 por ciento en diciembre, casi un punto porcentual por encima de la de un año atrás.

Las cosas habrían sido todavía más preocupantes si se hubiera mantenido la misma tasa de participación de antes en la fuerza de trabajo. Puesto de otra forma, la oferta de mano de obra aumentó de manera modesta, pero a pesar de ello el número de ocupados se redujo en términos absolutos y el de desocupados creció en 12 por ciento, superando los dos millones de ciudadanos.

Tan pobre evolución no causa mucha sorpresa cuando se tiene en cuenta que el crecimiento económico anda por el carril lento desde hace tiempo. No obstante, el mensaje de fondo es que el desempleo comienza a escalar posiciones en la lista de dolores de cabeza a los que hay que buscarle paliativo. Así el tema siempre esté en los primeros lugares de la agenda, es de esperar que se convierta en uno de los principales puntos de discusión ahora que la carrera electoral entra en su recta final y definitiva.

Aunque seguramente vendrán las promesas de siempre, sería deseable que los candidatos se aproximen al tema de una manera más analítica que la usual. Lo que muestran las cifras más recientes es que ciertas actividades que antes creaban vacantes de manera importante, ahora son las responsables de que se reduzcan las nóminas.

Así pasa, para citar un par de casos concretos, con la construcción y el comercio. La primera refleja una contracción en el segmento de las edificaciones, pues no solo en la vivienda, sino en lo que se conoce de manera genérica como los otros destinos, las obras en curso han disminuido, a pesar de la política gubernamental en marcha.

Por su parte, la pobre evolución de las ventas en renglones que van desde las confecciones hasta los vehículos, se han traducido en que las plazas disponibles sean menos. En un comienzo, cuando empezó a soplar el viento en contra, la actitud fue la de aguantar el chaparrón, pero cuando la recuperación no llegó, la respuesta acabó siendo la de reducir costos, lo que incluye cancelar contratos, ya sea a término fijo o indefinido.

Para colmo de males, el pesimismo que impera en la opinión opera como un lastre a la hora de hacer emprendimientos. La norma es andar con pies de plomo en lo que se refiere a contrataciones, así ramos como el de la hotelería continúen en plena expansión.

Conseguir que las cosas mejoren requiere una dosis de mejor desempeño económico y expectativas más favorables. En cuanto a la primera, 2018 comenzó de forma más auspiciosa, gracias al comportamiento de los precios del petróleo y la inflación con tendencia a la baja.

Ahora, la esperanza es que ese viento a favor se refleje en las ventas. Pero solamente hasta que las cajas registradoras empiecen a sonar, denotando que hay una reactivación en marcha, será posible esperar que la situación del mercado laboral en Colombia evolucione de manera positiva. Hasta que ello no suceda, las cosas podrían empeorar antes de que el desempleo comience a bajar. Ese es el riesgo en los meses que vienen.

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