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Ricardo Ávila
Editorial

Falta llegar al terreno llano

Las ventas de vehículos en el país muestran una mejoría tras una época difícil, pero aún estamos lejos de superar las marcas históricas.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 07 de 2018
2018-06-07 09:37 p.m.
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Cuando los analistas afirman que la economía colombiana ha ganado velocidad, más de uno usa el símil de un carro que avanza más rápido tras superar una cuesta. Guardadas proporciones, ese parecería ser el caso del sector automotor en Colombia, cuyos números dicen que lo peor quedó atrás después de varias etapas difíciles.

Las cifras hablan por sí solas. Según el reporte que elabora Fenalco en asocio con otras instituciones, en mayo se matricularon 20.522 vehículos, 3 por ciento más que en igual periodo del 2017. En el acumulado del año, la cifra va en 94.903, que equivale a un incremento de 2 por ciento, un guarismo modesto, pero que podría subir a medida que avance el calendario.

Para que el 2018 se pueda calificar como un periodo de recuperación se necesita, sin embargo, apretar el acelerador de las ventas. Los más optimistas confían que el segundo semestre será mejor, una vez se haya superado la incertidumbre política. Aunque está por verse si ello ocurre, las visitas a las salas de exposición sugieren que más de un comprador potencial prefiere esperar a saber quién será el inquilino de la Casa de Nariño antes de quedarse con un nuevo modelo de las marcas existentes.

En el entretanto, los interesados examinan con lupa cuáles renglones andan bien y cuáles no. Por ejemplo, salta a la vista que las pick ups han tomado otro aire, con un salto del 36 por ciento. Tanto el avance del programa de infraestructura, como el viento a favor que sopla para petróleo y carbón, explicarían ese auge. Más actividades de exploración o reactivación de campos y minas que estaban parados demandan más equipo de transporte.

Tampoco pasa inadvertido el incremento de 5 por ciento en los utilitarios, más conocidos por su acrónimo inglés de SUV. Aquí lo que sucedería es un mayor apetito del público por esta opción, algo que concuerda con la evolución de los gustos a nivel mundial y con una oferta mucho más amplia, tanto en tamaños como en precios. Por su parte, los taxis mostraron una expansión del 1 por ciento, pequeña, pero significativa, en la medida en que la competencia de servicios como Uber sigue presente.

La otra cara de la moneda es la de los vehículos comerciales de carga y pasajeros, con caídas del 8 y 35 por ciento, respectivamente. Tanto los problemas con la chatarrización de camiones, como los escollos que enfrentan el transporte urbano e intermunicipal permiten entender la descolgada. A su vez, los autos eléctricos o híbridos son todavía una curiosidad que no mueve grandes números, a pesar de las ventajas arancelarias o de no restricción de movilidad en las capitales, que los hacen atractivos.

Hacia adelante, las incógnitas que siguen presentes están atadas a factores de precio y de demanda. Una tasa de cambio que se mantenga en cercanías de lo visto en semanas recientes es una buena noticia, sobre todo en el caso de los importados que vienen de países con los cuales hay programas de desgravación en marcha. Por su parte, las menores tasas de interés bajan el costo de financiación, algo que se combina con un panorama de empleo aceptable y una ligera reactivación económica.

En medio de un panorama más alentador, el lunar más notorio es el de las ensambladoras nacionales que han perdido participación de mercado. Colmotores y Sofasa suman algo más del 40 por ciento de las matrículas, y, a pesar de que las exportaciones de vehículos se dirigen hacia un nuevo máximo histórico, perder terreno internamente da origen a varios ceños fruncidos.

Para que esas arrugas se despejen, sería necesario un volumen de ventas sustancialmente mayor que el actual. No obstante, superar la cota de las 300.000 unidades anuales aún se ve lejano. Y hasta que eso no suceda, será imposible afirmar que la actividad anda por terreno llano.

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