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Ricardo Ávila
Editorial

¿Otro dolor de cabeza?

La tendencia bajista de los precios de los hidrocarburos pone en riesgo uno de los su- puestos del presupuesto nacional del 2019.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 18 de 2018
2018-12-18 09:45 p.m.
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Cuando los historiadores traten de explicar lo que fue el 2018 para el petróleo en los mercados internacionales, tendrán que dividir el año que termina en dos realidades muy distintas. La primera duró diez meses y se caracterizó por cotizaciones al alza que llegaron a un pico de más de 86 dólares por barril en octubre. La segunda apenas completa seis semanas y bien puede describirse como una caída libre. Ayer, para no ir más lejos, los precios del crudo experimentaron un retroceso cercano al 6 por ciento, ubicándose en 56 dólares por barril.

Como consecuencia de esa situación, el valor de los hidrocarburos está casi 12 por ciento más abajo que a finales del 2017, dando al traste con las esperanzas de quienes anhelaban otra bonanza. Para quienes están en el sector, la realidad es muy distinta. Basta recordar que por cada dólar que desciende el barril, la facturación disminuye globalmente en 100 millones de dólares diarios, algo que afecta a las economías que, como la colombiana, dependen de las exportaciones de crudo, al igual que a las empresas del ramo.

Pero más allá de llorar sobre lo que pudo ser y no fue, vale la pena entender lo ocurrido en el pasado reciente. De acuerdo con los especialistas, el motivo de la fuerte corrección experimentada es uno solo: Estados Unidos se consolida como el principal productor del mundo, pues se acerca a los 12 millones de barriles diarios, a una buena distancia de Arabia Saudita y Rusia, los que le siguen.

El surgimiento norteamericano es muy llamativo porque es de fecha reciente. La razón es el rápido desarrollo de las técnicas no convencionales que le han permitido explotar con cada vez más eficiencia sus depósitos alojados en rocas de esquisto. Más allá de la polémica que causa el fracking en diferentes latitudes, incluyendo la colombiana, lo cierto es que en Texas o en Oklahoma el auge de la actividad no se detiene.

Y aunque más de un gurú insiste en que los campos existentes deberían tener una tasa de declinación en su rendimiento más acelerada que los tradicionales, la evidencia muestra otra cosa. A comienzos de este año, una dependencia del Gobierno estadounidense pronosticó que el aumento en el bombeo sería de un millón de barriles diarios en promedio. Por el contrario, en los primeros once meses del 2018 esa cifra llegó a 1,53 millones y a comienzos de diciembre la diferencia era de 1,9 millones frente al mismo lapso del 2017.

Debido a ello, el recorte que acordaron unos días atrás en Viena los países que integran el cartel de la Opep y Rusia, no alcanzó a variar la tendencia del mercado. Tras mucho tire y afloje, la reducción en la oferta será de 1,2 millones de barriles, insuficientes para compensar el dinamismo estadounidense.

Lo anterior no necesariamente quiere decir que los precios vayan camino del sótano, como sucedió en febrero del 2015 cuando la variedad Brent bajó a 26 dólares por barril. Eventualmente, algunas operaciones que no son rentables en un escenario de cotizaciones de 55 dólares serán clausuradas, las inversiones se recortarán y las dinámicas propias del ciclo bajista volverán a sentirse en los suministros.

De hecho, la mayoría de los especialistas todavía le apuesta a una lenta recuperación de los mercados que al cierre del 2019 podrían acercarse otra vez a los 70 dólares por barril. Aun así, pesimistas y optimistas saben que nadie cuenta con una bola de cristal infalible en estos asuntos. El motivo es que son tantos los factores en juego, comenzando por los geopolíticos, que es mejor no hacer predicciones para no equivocarse.

Debido a ello, es mejor evitar las cuentas de la lechera. Ese consejo se extiende a Colombia que se arriesga a que no se le cumplan los escenarios de precios que incluyó en el presupuesto del 2019, de 65 dólares el barril. De pronto aparece otro dolor de cabeza.

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