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Ricardo Ávila
Editorial

Por un esquema viable

En el debate en torno a las pensiones, lo que importa no es tanto quién lo administra, sino que el sistema que se escoja sea sostenible.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 09 de 2018
2018-04-09 09:02 p.m.
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Encontrar en la parte final de la campaña electoral temas en los cuales los candidatos a la presidencia estén de acuerdo, no es fácil. Cada uno de los que aspiran a suceder a Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño busca diferenciarse de su contendor, con el fin de ganarse el favor de los votantes. Por tal motivo, llama la atención que los principales integrantes del abanico de opcionados coincidan en la necesidad hacer una reforma pensional en el cuatrienio que viene.

La justificación es clara: el sistema actual se caracteriza por una baja cobertura y por su inmensa inequidad, pues acentúa y no corrige la mala distribución del ingreso. Más del 70 por ciento de los subsidios que salen del presupuesto nacional para cubrir el agujero de Colpensiones, benefician a jubilados que forman parte del 40 por ciento más rico de la población.

Por lo tanto, el desafío es construir un esquema sostenible en el tiempo y que responda a varias realidades. Desde cuando en 1881, Otto von Bismarck creó en la Alemania de ese entonces el régimen de pensiones de reparto, o de prima media, su viabilidad financiera y política estuvo basada en un contrato entre generaciones que se consideró eterno y justo. Este se basó en la existencia de suficientes trabajadores activos que pagaran con sus cotizaciones las pensiones de los jubilados.

Sin embargo, el modelo se resquebraja. Para comenzar, el envejecimiento de la población y la transición demográfica, hace prever que no habrá suficientes personas ocupadas para pagar las mesadas de los mayores, situación que tiende a agravarse con el paso del tiempo. En Colombia, por ejemplo, hace medio siglo dicha relación era de 11, hoy es de 7, hacia el 2030 será de 4, y hacia el 2055 caerá a solo 2. Peor todavía es que debido a la informalidad laboral, actualmente tenemos solo 2 trabajadores formales cotizando a pensiones por cada adulto mayor.

Como si lo anterior fuera poco, el contrato intergeneracional quedará aún más quebrado por la revolución tecnológica: robots y algoritmos están reemplazando a los seres humanos, lo cual afectará los aportes futuros. Cuando los jóvenes de hoy lleguen a su retiro laboral, es previsible que no habrá quién contribuya para que les paguen sus pensiones. Debido a ello, los sistemas de prima media son inviables en el tiempo. Negar la evidencia, equivale a enterrar la cabeza en la tierra.

Por lo tanto, lo que requiere el país es definir un sistema pensional viable, y el único que cumple ese requisito es el de ahorro y capitalización. Sin duda, puede haber aportes del presupuesto para los más pobres, pero los subsidios deben ser transparentes y tener techo. El que desee retirarse con más dinero que el que sale de las reglas que apliquen para todos, tendrá que aportar más.

Lamentablemente, en lugar de tomar lo que es viable como punto de partida, los candidatos optan por centrar el debate en otros temas. Uno de ellos es si la administración de esos dineros la hace el sector público o el privado. Al respecto, la mejor opción es permitir que ambos participen y compitan en franca lid, lo cual exige blindar a la entidad estatal que intervenga para evitar el peligro de corrupción y politiquería. Colpensiones, por ejemplo, podría tener a su cargo el programa Colombia Mayor, un régimen ampliado de los llamados Beneficios Económicos Periódicos y también una AFP pública

Todo lo anterior requiere periodos de transición adecuados y buenas reglas del juego que desemboquen en mayores edades de jubilación y más semanas de cotización. No mirar los parámetros es patear el problema para adelante. Peor aún sería caer en la tentación de tratar de solucionar las afugias fiscales actuales con fórmulas que sirven para cuadrar la caja, pero no para construir un sistema sostenible. Habrá que ver si el próximo presidente es capaz de ponerle el cascabel a este gato.

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