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Ricardo Ávila
Editorial

Un populista recargado

A medida que se aproximan las elecciones en Estados Unidos, Trump jugará más la carta del unilateralismo, y eso debería inquietar a Colombia.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 12 de 2019
2019-05-12 02:05 p.m.
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Más inflación en Estados Unidos y menor crecimiento en China y el resto del mundo. Así se resumen las posibles consecuencias de la guerra comercial entre las dos economías más grandes del planeta y cuyo escalamiento se convierte en la gran preocupación de los analistas.

Y eso que falta la respuesta de Pekín y una nueva ofensiva por parte de Washington, que podría hacer realidad su amenaza de extenderle aranceles del 25 por ciento a los 300.000 millones de dólares de importaciones provenientes del país asiático que todavía no han sido cobijados por más gravámenes. El intercambio de cañonazos proteccionistas de uno a otro lado del Pacífico, conduce a escenarios inquietantes.

La puerta de las negociaciones continúa abierta. Debido a ello, siguen vivas las esperanzas de que ambos lados logren pronto un entendimiento que llevaría a que lo sucedido sea apenas un recuerdo amargo y se vuelva a comprobar que un mal acuerdo es mejor que un buen pleito.

No obstante, aun si los antagonistas de hoy se estrechan las manos, el mensaje es que actuar unilateralmente da resultados para quien consigue imponerse por la fuerza. Esa sería una secuela lamentable, pues el modelo de atropellar al más débil corre el riesgo de extenderse por todas las latitudes, relegando a un segundo plano las ideas de quienes abogan por más cooperación y colaboración en el plano internacional.

De vuelta a Trump, los reportes de la prensa norteamericana sugieren que el mandatario está tentado a ir mucho más allá, ahora que comienza a calentar motores la campaña presidencial con miras a las elecciones de noviembre del próximo año. La diferencia entre el candidato de la vez pasada y el de ahora, es que antes las promesas, por extremas que fueran, eran tomadas con un grano de sal.

Ahora, la Casa Blanca es capaz de acompañar lo que diga su principal inquilino con medidas concretas.

No hay duda de que a una parte de la ciudadanía, esa actitud le cae bien. Millones de estadounidenses no solo creen que China ha prosperado a costa de su bienestar, sino que los principales males que enfrenta le vienen de afuera: inmigración ilegal, crimen, terrorismo y drogas ilícitas. Por lo tanto, habrá más tendencia hacia el aislacionismo, algo que puede venir acompañado de efectos prácticos de marca mayor.

Un caso claro es el de la frontera sur con México. Aparte de la promesa del muro que no se ha hecho realidad, está la posibilidad de cierres temporales con el argumento de que el flujo de personas que cruzan de manera irregular la línea limítrofe no se ha detenido.
Una determinación de ese calibre sería catastrófica para muchas comunidades y negocios. Ese es el motivo por el cual el gobierno de López Obrador ha incrementado, de forma sustancial, las deportaciones de centroamericanos que aspiran a llegar al norte, para bajar la temperatura.

Y en Colombia también hay ceños fruncidos. El episodio del retiro de visas a tres magistrados de la Corte Constitucional puede ser menor en el contexto de las relaciones binacionales, pero confirma que el Tío Sam quiere pisar más duro.

Ese mensaje preocupa, a sabiendas de que en cuestión de semanas se conocerá el dato sobre el tamaño de los cultivos de coca en el territorio nacional. El fantasma de una descertificación en la lucha contra las drogas –que limitaría la ayuda recibida– aparece otra vez y pone al gobierno colombiano contra la pared.

Así en el Congreso en Washington o en los departamentos de Estado y de Defensa haya muestras de respaldo por la voluntad de aumentar la erradicación o recibir a los migrantes de Venezuela mientras se le planta la cara a Nicolás Maduro, es claro que a Trump le importa más mostrarse como alguien de la línea dura. Y si eso implica pasarles por encima a sus aliados, lo hará sin que le tiemble la mano.

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