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Ricardo Ávila
Editorial

Una epidemia que crece

El aumento del hurto a personas golpea la confianza de la ciudadanía, base fundamental para el buen dinamismo de la economía del país.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 04 de 2018
2018-04-04 08:47 p.m.
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Después de los homicidios, los hurtos son el delito más significativo en cuanto a seguridad urbana se refiere. Si bien los asesinatos son de la mayor gravedad, ya que implican la irreparable pérdida de vidas, los robos en las ciudades tienen más extensión e incidencia y afectan a muchas más personas. De hecho, una disparada de estos, en especial contra los individuos, golpea la percepción de seguridad en una metrópoli, tanto o más que los homicidios.

Esto es precisamente lo que está sucediendo en al menos nueve capitales en el país: Bogotá, Cartagena, Cali, San Andrés, Arauca, Medellín, Ibagué, Leticia y Neiva. De acuerdo con informes de la Fiscalía, el robo en todas sus modalidades aumentó en estas urbes. Los guarismos no son menores. En Bogotá, en los primeros meses del año el número de casos saltó de 19.032 a 23.819, en comparación con el 2017. Medellín no se queda atrás: de 5.174 pasó a 5.485; Cali, de 4.042 a 4.589, y Cartagena, de 1.133 a 1.374.

En lo corrido de este año, hasta el 14 de marzo, la Fiscalía había recopilado más de 81 mil denuncias de hurto en Colombia, unas 1.110 por día, una cada 80 segundos. Esto corresponde a un aumento del 15 por ciento con respecto al mismo periodo del 2017. Estas cifras oficiales convierten al robo en el delito que más golpea a los colombianos por encima de las lesiones personales, la violencia intrafamiliar, el microtráfico y la inasistencia alimentaria. De ladrones también están llenas las cárceles del país: 27.616 según estadísticas del Inpec.

A lo anterior habría que añadir que los hurtos son asimismo un delito donde el subregistro suele ser altísimo, ya que muchas personas no denuncian. Al fin de cuentas, con frecuencia los objetos de valor robados son carteras o celulares. A pesar de ello, el impacto de esta epidemia de robos termina por reflejarse en crecientes sensaciones de inseguridad de los ciudadanos en las calles, los parques, el transporte público y las vías. Con cada hurto, los ladrones minan la credibilidad en la policía, en la justicia, así como la confianza de la gente, base fundamental para el buen dinamismo de la economía del país.

Caminar tranquilo en la noche por la calle o hablar por un móvil sin temor a ser asaltado son situaciones que cientos de miles de colombianos hoy no se sienten seguros de disfrutar. Los impactos individuales de esos hurtos en estas urbes no deben ser minimizados y los alcaldes y comandantes policiales deben tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, en Bogotá, el Distrito tomó la decisión de restringir el parrillero en febrero pasado, precisamente por el creciente uso de las motocicletas en la comisión de esos delitos.

Son varias las acciones que estas ciudades necesitan reforzar para seguir combatiendo las redes delincuenciales que están empujando estas cifras al alza. Primero hay que seguir denunciando y que las autoridades presten atención a cada una de esas denuncias. La desilusión del ciudadano común con la justicia se da cuando no se siente atendido al ser víctima de un hurto, por menor que sea. Y el debate sobre los reincidentes requiere urgente abordaje. De poco sirve que la ciudadanía denuncie y la policía capture, si los ladrones usan el sistema de justicia como una puerta giratoria.

Es preocupante, asimismo que, según los mismos datos de la Fiscalía, los homicidios en este periodo de principio de año han aumentado –de 8.019 casos en 2017 a 8.374–, así como las lesiones personales (de 36.449 a 37.517), las amenazas (de 8.075 a 10.082) y los delitos sexuales (de 7.311 a 8.999). Aunque diferentes en sus modalidades y estrategias para combatirlos, estos requieren inmediata atención. La seguridad urbana, en todas sus expresiones, es un factor crucial para la calidad de vida de los ciudadanos y se empieza respondiendo al pequeño hurto en las calles.

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