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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Salir ya a conversar 

El Gobierno debe prender el acelerador del mecanismo de Conversación Nacional y sacarla pronto de los salones de Palacio para ganar tracción. 

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
noviembre 27 de 2019
2019-11-27 09:21 p.m.
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Este miércoles se desarrolló en el país otra jornada de paro nacional con marchas mayoritariamente pacíficas.

Hoy se cumplen ocho días seguidos de protestas que mantienen en jaque al Gobierno y que ya han generado decisiones como una reforma tributaria con “cara social” y el lanzamiento de la Conversación Nacional.

De hecho, en el marco de este mecanismo de diálogo social, en la Casa de Nariño se han venido celebrando encuentros con alcaldes, mandatarios locales, sector educativo y sectores sociales y económicos.

No obstante, hasta ahora la Conversación Nacional, lanzada por el propio presidente Iván Duque en la alocución del viernes pasado, no parece ganar aún la tracción necesaria para convertirse en el mecanismo que canalice el descontento social expresado en las calles en estos últimos días.

Claramente el paro y el descontento callejero –expresado en las marchas juveniles y en los cacerolazos– son dos fenómenos distintos, con dinámicas diferentes que requieren estrategias de abordaje diferenciadas. Como proceso de escucha ciudadana la Conversación Nacional debe apuntar más a las raíces del descontento que a la negociación específica de un pliego de peticiones.

En cuanto al paro se refiere, se acerca el momento de que ambas partes dinamicen los espacios de negociación. Mientras los participantes de las marchas continúan expresándose en las calles, comercios, negocios, ciudadanos, estudiantes de colegio y sistemas de transporte sufren los impactos de las jornadas de protesta. La hora de alcanzar a un acuerdo entre Gobierno y promotores del paro ya no da espera para ambos lados de la mesa.

Si bien la Conversación Nacional ya arrancó, sigue todavía enclaustrada en los salones de Palacio. Ya es tiempo de sacarla de la Casa de Nariño, llevarla a las regiones y acercarla a los ciudadanos del común.

Son varios los factores que determinarán el éxito de este ejercicio. El primero es la escucha. El Gobierno debe dar muestras fehacientes y prácticas de que está dispuesto a prestar atención a los motivos del descontento ciudadano.

Estas señales se pueden expresar tanto en el diseño metodológico de los encuentros como en la actitud del primer mandatario y de su primera línea de Gobierno.

El momento de las largas listas de mercado con todos los logros de gobierno pasó. El solo hecho de haber iniciado la Conversación Nacional refleja que el presidente Duque y su administración necesitan hoy escuchar más que hablar y entender más que explicar.

En otras palabras, este proceso de escucha no debe ser pensado desde Palacio como una estrategia o una oportunidad para mejorar la comunicación de los mensajes presidenciales.

Otro aspecto clave para este mecanismo de diálogo social está en la agenda acotada de la discusión. Lo que para muchos es contrario a la conversación es una garantía del compromiso de Gobierno en la búsqueda de resultados. No obstante, los distintos puntos anunciados deben ser desmenuzados en preguntas más puntuales y específicas que guíen la discusión. Aún no conocemos las líneas rojas ni los puntos de partida del Gobierno en cada ítem de la agenda.

Otros detalles del proceso aún siguen sin definirse y el tiempo avanza. ¿Cuál es el cronograma de encuentros regionales y sectoriales? ¿Cómo será la participación ciudadana y cómo se recogerán las propuestas y cuál será la metodología para la definición de las conclusiones?

Por último la Conversación Nacional debe despertar esperanza, pero siempre bajo límites de la viabilidad técnica y presupuestal. Ya lo dijo el presidente francés Emmanuel Macron al lanzar su gran debate: “Así es que pretendo transformar la rabia en soluciones con ustedes”. Soluciones.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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