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Ricardo Ávila
Editorial

Una iniciativa riesgosa

Si la Fedecafé sigue con su idea de sacar de la Bolsa de Nueva York al grano nacional, se expone a quedarse con el pecado y sin el género. 

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 13 de 2019
2019-03-13 09:21 p.m.
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Hay ideas nacidas del desespero que, si se ponen en práctica, solo contribuyen a agravar una situación de crisis. A esa categoría pertenece la propuesta hecha por el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, quien este miércoles volvió a insistir en que el café colombiano deje de negociarse a través de la Bolsa de Nueva York. Esta vez, el directivo fue aún más lejos que hace unos días, al afirmar que si ningún otro productor nos acompaña, el país debería lanzarse solo en semejante aventura.

Ojalá las instancias del gremio reaccionen con rapidez para engavetar una iniciativa de semejante envergadura. El motivo es que los riesgos son tantos que es mejor abstenerse de incurrir en ellos. Aquí sí que se aplicaría aquel dicho de ‘quedarse con el pecado y sin el género’.

Para comenzar, Colombia estaría renunciando a un mecanismo que lleva operando cerca de un siglo y cuyo propósito central no es solo negociar productos físicos, sino sobre todo gestionar el riesgo. En lugar de adquirir un bien para consumirlo de manera inmediata, el esquema permite planear compras a lo largo del tiempo, y como a este concurren compradores y vendedores, es una buena manera de definir precios. No hay duda de que los especuladores ahondan a veces picos y caídas. Pero igual proveen liquidez, que es un elemento indispensable.

Es verdad que las circunstancias actuales son inquietantes. Debido a la gran cosecha de Brasil, hay un exceso de oferta que llevó la libra de café a ubicarse por debajo de un dólar, con lo cual el precio interno de la carga del grano se encuentra por debajo de los 700.000 pesos, un valor considerado como la línea de corte que apenas permite cubrir los costos.

También es cierto que la proporción que reciben los cultivadores, dentro de lo que se paga por una taza de buen tinto, es ínfima. En tal sentido, suena justo exigirles a los consumidores que hagan un esfuerzo que derive en una calidad de vida más alta para miles de comunidades campesinas de, al menos, tres continentes.

Sin embargo, lo que es equitativo a veces no es viable. Desde el punto de vista práctico, si Colombia decide imponer otras reglas de juego en solitario se arriesga a perder participación en el mercado global, dando al traste con relaciones comerciales que se han venido construyendo a lo largo de años.

Más complejo aún sería mantener la garantía de compra de la cosecha, que es la base del sistema que opera en el territorio nacional. Las arcas de la Federación no dan para encargarse de financiar a las cooperativas que adquieren el grano en pueblos y veredas. Eso para no hablar de lo que sucedería con los exportadores privados, que son responsables de tres de cada cuatro sacos que se colocan en el exterior.

Los inconvenientes prácticos no terminan ahí. Nadie ha dicho cómo se cobraría la contribución cafetera o qué harían los bancos para seguirles prestando dinero a los cultivadores, ante la incertidumbre sobre lo que pueda pasar con la cosecha. En el peor de los casos, se incubaría un problema social enorme que involucraría a más de medio millón de familias.

Lo anterior no quiere decir que sea obligatorio cruzarse de brazos. Colombia debería pedir que se revise la fórmula de fijación de precios actuales en la bolsa, que involucra al café brasileño, a pesar de que su calidad es muy inferior a la nuestra. De manera complementaria, vale la pena profundizar en la venta de cafés especiales en los que se reconoce una prima muy superior a la usual.

Otra opción es explorar el tostado en origen para vender con mayor valor agregado o examinar tecnologías de recolección diferentes, orientadas a bajar los costos. En último término, de lo que se trata es de mejorar la competitividad. Y eso no se logra buscando la calentura en las sábanas.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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