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Eduardo Aldana Valdés
Columnista

El estudiante como actor central

Es indispensable cambiar los actores y su forma de trabajo en la formulación de políticas y la ejecución de las recomendaciones de las misiones. 

Eduardo Aldana Valdés
POR:
Eduardo Aldana Valdés
enero 03 de 2019
2019-01-03 08:00 p.m.
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La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, en sus recomendaciones de 1994 –especialmente la relacionada con los institutos de innovación regional– adoptó el enfoque de ‘abajo hacia arriba’. Lo mismo propuso 20 años después la Misión para la Transformación del Campo, al afirmar: “Este cambio se construirá desde abajo hacia arriba.

La base del nuevo sistema serán los Sistemas Territoriales de Innovación (STI): un conjunto de actores en un territorio que trabajan en conjunto en temas de ciencia, tecnología, e innovación y se relacionan a través del desarrollo y uso de las tecnologías…”.

Aunque prevalece el enfoque de adelantar la ejecución desde los niveles nacional y departamental, la coincidencia en la posición de las dos misiones es buen augurio. Sin embargo, pocas de sus recomendaciones se han ejecutado.

En conversaciones con participantes en varias comisiones nacionales, dos asuntos surgen con frecuencia:

* La ausencia en ellas de personas con el poder político o económico para impulsar los cambios que se proponen. Parece que encargar estudios a destacados expertos no es suficiente para comprometer a quien los ordena con sus propuestas, especialmente cuando estas son expresiones de otras perspectivas para mirar una situación problemática.

Ojalá el presidente Duque, quien, según mi opinión, está impulsando verdaderos cambios adaptativos de forma incremental, señalara una estrategia diferente que justifique revivir, como se ha acordado, la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo.

* La selección inadecuada de los actores en la base y de los estímulos para comprometerlos con la transformación acordada.

Para cambiar las prácticas productivas de los habitantes de zonas rurales o incentivar la pasión de sus jóvenes por el conocimiento, se establecen alicientes económicos que son aprovechados por los más capaces, ampliando las brechas entre ellos y los más vulnerables. Y poco se hace por despertar la solidaridad de los seleccionados con sus comunidades y, en consecuencia, los beneficios sociales son negativos o insignificantes.

La intrascendencia de las recomendaciones de estas comisiones hace indispensable cambiar los actores y su forma de trabajo, en lo relacionado con la formulación de políticas y la ejecución de sus recomendaciones. Esos cambios deben integrarse en un sistema correctamente diseñado. Para el caso del sistema de educación, el factor crucial es la escogencia del eje del proceso de cambio.

Una fundación belga hizo, hace años, una interesante sugerencia: “educar a los niños para que eduquen a sus padres”. Las universidades públicas de EE. UU., fundadas bajo el impulso de la ley de donación de tierras de 1862, adoptaron como una de sus tres funcione esenciales, la de “extensión”, que llevó a sus profesores y estudiantes a investigar ‘hombro a hombro’ con los campesinos la productividad agrícola.

Heredaron esa iniciativa los Clubes 4-H, en donde los jóvenes incuban destrezas intelectuales, competencias para emprender innovaciones de base tecnológica, valores y aprecio por las prácticas saludables.

El sistema alemán de ‘educación dual’, que alterna periodos de estudio con prácticas laborales, es reconocido como factor importante del reducido desempleo juvenil del país. Y desde el 2009, los estudiantes de la Universidad Agrícola de Beijing “ayudan a los campesinos a maximizar el rendimiento de sus cosechas con resultados sorprendentes”.

Estos ejemplos muestran los beneficios derivados de la vinculación temprana de los estudiantes a la solución de problemas sociales y ambientales. Pero quizás, quienes más se benefician son los propios estudiantes al potencializarse como emprendedores y, como lo demuestra la investigación pedagógica, al fortalecer sus habilidades para aprender por su cuenta.

Eduardo Aldana Valdés
Profesor (Emérito), Universidad de los Andes
ealdanavaldes@gmail.com

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