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Germán Eduardo Vargas
columnista

¿P-uber-tad g-uber-namental?

El juego de Uber es la continua presión para mantener o concentrar su poder de destrucción creativa, afianzado por la desregulación neoliberal. 

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
enero 27 de 2020
2020-01-27 09:38 p.m.
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Dolores del crecimiento, Uber peló el cobre después de que nuestra Súper (SIC) bloqueara su operación; intenta amedrentar a la obsoleta regulación colombiana –aunque Duque abandera la biche economía Naranja–, calificando de arbitraria la decisión. Rentando la movilidad mecánica, su modelo de negocio, virtual pero no virtuoso, condicionó a la sociedad y la condenó a otra distopía.

Es consabido que la Uberización de la economía modernizó la competencia desleal y precariedad laboral. Ahora anuncian su defensa al libre albedrío de 2 millones de usuarios, y 88.000 “socios” que compiten congestionando las vías en la adulterada Economía del Rebusque. La etiqueta Colaborativa es, en consecuencia, absurda. De hecho, ese apelativo debería presuponer principios de dignidad, equidad y solidaridad, y su funcionamiento debería ser análogo al de La Naranja Mecánica, aquel sistema que identificó a la Selección de Fútbol de Holanda, que conservaba una estructura funcional en los diferentes ciclos de la competencia.

En detrimento, el juego de Uber es la continua presión para mantener o concentrar su poder de destrucción creativa, afianzado por la desregulación neoliberal, que simplemente itera otra manifestación del “Eterno Retorno Empresarial”, egoísta y temerario, que maquilla el estoicismo -o se victimiza- para que nadie se queje, prometiendo perfección y atribuyéndose el símbolo del “Über-mensch” (Súper-humano).

Más que su relación con el disonante bovarismo de “Fla-uber-t”, encuentro pertinente asociar a estos “c-uber-os” capitalistas, y sus “t-uber-ías”, a la historia de La Naranja Mecánica, apoyado en otra publicación de Burgess que reprodujo The New Yorker (The Clockwork Condition, 2012). Su tema es la madurez, tratándose de pandillas adolescentes que terminan supervisadas por sus enemigos. El protagonista simula interés en la Biblia, como estratagema para evadir el castigo, y es sujeto de una innovadora terapia de programación; su “hogar” lo sustituyó por un inquilino, e intersectó una campaña de desprestigio estatal. En el citado artículo explica aspectos de la novela, cuestionando la conveniencia y propósito de los condicionamientos negativos, y la “tecnología de comportamiento humano” (Beyond Freedom and Dignity, Skinner), que nos aprisionan en un mundo de bondad no moral, que no procura el bien de la comunidad.

Álex es un diminutivo de Alejandro Magno (The Clockwork Condition, 2012), y su protagonismo “se convierte en una criatura sin ley” -cobrando sentido el prefijo A, que denota privación o negación (RAE), con el latín Lex-. Finalmente, el título representaba al “matrimonio forzado de un organismo con un mecanismo”; “pero los hombres no son, después de todo, máquinas”. Encuentro esa crítica o conclusión consistente con nuestra 4° Revolución Industrial, que “ha sido una naranja agria” (ídem), ¿verdad?

Aplicado al caso Uber, sus “ex-uber-antes” perjuicios refuerzan la “prot-uber-ancia” del escándalo, que, aunado al caos de las patinetas eléctricas, beneficia al monopolio de los abusivos taxis tradicionales. Veremos cómo madura la arremetida, desde su filial en Holanda, y es momento de intervenir la economía naranja de Rappi. Otra manzana podrida, Presidente.

Germán Eduardo Vargas
Catedrático
german.vargas@uniandes.edu.co

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