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Germán Eduardo Vargas
Columnista

Retroiluminación capitalista

Invito a nuestras instituciones gubernamentales, legislativas y regulatorias, a incentivar este enfoque de consumo responsable.

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
octubre 21 de 2019
2019-10-21 10:00 p.m.
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Los beneficios del capitalismo resultaron ser ilusiones ópticas, susceptibles a la dimerización de sus luces, por parte de los reguladores (y jugadores). Fiat-Lux, en la génesis, ilustra la divina creación de la luz. También representa la iniciación masona, cuya sombría influencia en las élites ha sido cuestionada; en este sentido, significaría portadora, soberbia y maligna (Lucifer, RAE). Reivindicando el principio, así denominaron el evento “Iluminando nuestra casa común”, realizado en el Vaticano para inspirar cambios en favor de la sostenibilidad.

Conveniente, nuestro comportamiento es sensible al estímulo lumínico. Por ejemplo, tal como la oscuridad reduce nuestra agudeza visual, cuando no nos sentimos observados dejamos de fingir y tendemos a comportarnos de manera genuina: sea correcta o corrupta (Behave: The Biology of Humans at Our Best and Worst, 2017). La luz también regula funciones vitales, mediante el ciclo circadiano (Blues Cues, Harvard Medicine).

Pese a esto, la arquitectura vertical prohibió la luz natural, y la artificial altera nuestra productividad y calidad de vida, porque los ingenieros ópticos ignoran aspectos ergonómicos, y los diseñadores los desestiman por restricciones presupuestarias.

Contribuyendo al ahorro, la tecnología LED concretó beneficios incompletos, aunque su calidad lumínica es superior, su consumo es menor y su duración es mayor, son pocas las oficinas y casas que utilizan bombillas sintonizables (tunable) para simular los colores emitidos por el sol durante cada hora del día.

A propósito, nuestra vista evolucionó para atender largas distancias, y constantemente realiza un esfuerzo para adaptarse a la retroiluminación moderna; de hecho, nos acostumbramos a forzar nuestros ojos, y pagar por la renovación periódica de lentes, bombillas y pantallas: todo suma, cuando se trata de mantener despierta la economía.

Siendo nuestros ojos no renovables, y la luz un recurso esencial, de uso intensivo, aunque presumen avances tecnológicos, los fabricantes no contribuyen a optimizar su impacto y costo total. De hecho también se degeneró la visión de los productores, para los que ahora todo es desechable.

Iluminación retro, la “Luz Centenaria” (centennialbulb.org) funciona desde 1901, e inspiró la creación de una Led que maximiza la eficiencia energética y durabilidad; además facilita su reparación, por menor costo que el de comprar una nueva. Aunque algunos competidores denuncian esto como fraude, el concepto es absolutamente legítimo.

Light & Life ha sido objeto de barreras comerciales, pese a haber sido certificada por TÜV-Rheinland, por su comercio responsable con el usuario y el planeta, pues reduce el uso del plástico (petróleo) y silicio, semiconductor que revolucionó la electrónica, pero ha generado alerta ambiental porque en décadas erosionó su milenaria renovación (Sand and sustainability. UN Environment, 2019).


Invito a nuestras instituciones gubernamentales, legislativas y regulatorias, a incentivar este enfoque de consumo responsable; también a la Universidad Nacional de Colombia, para que lidere el desarrollo de tecnologías comparables a la computadora ‘wawalaptop’ del Perú. Que el capitalismo financiero y tecnológico no siga deslumbrándonos. Bienaventurado 23 de Octubre.

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Analista
german.vargas@uniandes.edu.co

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