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Germán Umaña Mendoza
Columnista

Casi me siento culpable de estar vivo

Los más viejos estaremos agradecidos con los jóvenes por habernos encerrado y sometido a cuidados intensivos
en nuestra casa de habitación.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
marzo 25 de 2020
2020-03-25 09:00 p.m.
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No nos engañemos, esto más temprano que tarde va a pasar.  Los más viejos estaremos agradecidos con los jóvenes por habernos encerrado y sometido a cuidados intensivos en nuestra casa de habitación.

En ocasiones tratamos de revelarnos y salir al parque a respirar aire fresco pero eso se convierte en una misión imposible en la medida en que todo en el exterior está contaminado. Rápidamente nos convencen de no hacerlo con el argumento de que podríamos infectar al resto de la familia. Soy ahora un viejo obediente y resignado: aburrido.

Lo que no quisiera perder definitivamente es el sentido del humor, incluido el negro, ni el amor por esos inútiles escritos de la poesía o, por las maravillosas frases contenidas en las ilusas afirmaciones de los humanistas sociales o, la admiración por los millones de trabajadores de la salud que cada día ponen en riesgo su propia vida para salvar la de los demás o, mi respeto por el dilema ético o moral al que se someten por tener que decidir quién vive o quién no, ante la escasez de camas o respiradores.

Y, además, no puedo evitar pensar en lo que hoy pasa por la cabeza de individuos como Trump, Bolsonaro o Johnson. Se les está haciendo el milagrito con la posibilidad real de decidir aplicar su Darwinismo social y dejar que el mercado de los virus haga su trabajo y logre por fin una selección natural en la que sobrevivan los más fuertes. (Pobre Darwin, se le atribuyen tantas cosas, en mi opinión injustamente, pero eso le pasó por escribir sobre la selección natural y permitir que sus alumnos lo interpretaran aplicando su modelo a las ciencias sociales).

Ya se sabe que cerca del 90% de los muertos por el coronavirus son los mayores de 60 años, es un mecanismo automático para disminuir la presión de las pensiones sobre la economía, ya no tendrán que aumentar la edad para acceder a ese “privilegio” en sus reformas pensionales.

De otra parte, en la medida en que aumente el número de víctimas se incrementara el ingreso per cápita y aumentará la población productiva y el mercado automáticamente se encuentra generando sus propios equilibrios. Es el mecanismo ideal de limpieza social y ni siquiera tendrán necesidad de promover grupos de extremistas que contribuyan a sus objetivos.

Hasta cuándo aplicarán el distanciamiento social: no se engañen solamente hasta que las estadísticas lo permitan. No se puede permitir un deterioro acelerado de la economía. Inclusive Trump puede perder las elecciones, a Johnson se le enredaría el Brexit y a Bolsonaro le exigirían que priorizara el cumplimiento de los derechos fundamentales e inclusive la protección de la Amazonía.

No crean, estoy en mi encierro realmente preocupado por estar contribuyendo al deterioro de la economía, producto del incremento en el gasto social que ha generado la protección de la vida. Todas las noches cuando sueño con la visita de la muerte repito los versos del poeta José Umaña Bernal: “con desdén lisonjero le dije al descifrar su interrogante: perdón, señora, pero ahora espero la entrada de otra amante”.
Me despierto y casi me siento culpable de estar vivo.

Germán Umaña Mendoza
Profesor
germanumana201@hotmail.com

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