1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Germán Umaña Mendoza
columnista

Nuevamente el desconcierto 

En sana lógica, toda la atención debería centrarse en buscar mecanismos de defensa y estabilización económica.  

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
septiembre 18 de 2019
2019-09-18 09:14 p.m.
https://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4b9015f86f.png

Cada día recibimos información distinta sobre la variación de los precios internacionales del petróleo y del dólar. Son dos factores fundamentales que hacen que los economistas varíen sus predicciones sobre el comportamiento de las economías.

Los ataques al corazón de la producción petrolera en Arabia Saudita, los desequilibrios que estos hechos generan en el Oriente medio, la terrible amenaza de la escalada de un conflicto entre Irán y los Estados Unidos, no son otra cosa que la consecuencia de una política internacional producto del endurecimiento de las negociaciones para aparentemente obligar a detener la producción de armas nucleares. Pero, es que para esto ya había un acuerdo firmado y funcionando a nivel global y, el cual, en un día oscuro en la historia de la humanidad, el señor Trump decidió desconocer.

De otra parte, el campo de batalla se desplaza en la actualidad a la denominada guerra comercial, tecnológica y de inversiones entre China y los Estados Unidos. Los Estados Unidos deciden imponer una agresiva política arancelaria, en donde se podría atribuir cierta ingenuidad a los negociadores norteamericanos, en la medida en que parecerían pensar que la China no tenía herramientas para responder a sus sanciones. Pero, si las tiene, imponen aranceles en reciprocidad a las importaciones de productos norteamericanos, revalúan o devalúan su moneda según convenga, desplazan a voluntad sus inmensas reservas en dólares y afectan el comportamiento de las bolsas de valores del planeta, producto de su poder de mercado.

Las consecuencias de esta inestabilidad son dramáticas para los países emergentes y en Colombia no escapamos a esta caracterización. Cada vez que varían los precios del petróleo, se hace evidente la dependencia de nuestro país en las cuentas fiscales. Es posible que de continuar la escalada de la violencia y los ataques al corazón de la producción petrolera, se mantengan los precios por encima de lo presupuestado.

Pero todo lo que sube baja. Debemos aprender de las lecciones. Si crecen los ingresos, la solución es crear fondos de estabilización de largo plazo y promover producciones de bienes y servicios, con alto valor agregado, incorporación de capital humano y progreso técnico.

De otra parte, el nerviosismo sobre la evolución de la economía mundial provoca fluctuaciones en las tasas de cambio y, en la medida en que se piense por parte de los inversionistas que continuará la inestabilidad, se producirán dificultades en los países en desarrollo producto de la salida de capitales golondrina y la ralentización en el ingreso de inversión extranjera directa en sectores diferentes a los de los commodities.

Lo anterior, conduce a profundas dificultades en las cuentas externas e internas. En sana lógica parecería que toda nuestra atención debería centrarse en buscar mecanismos de defensa y estabilización de la economía. Pero no, es realmente deprimente observar como las discusiones van en otras direcciones.

La más evidente y perversa es encaminarnos al retorno a la violencia y a la guerra, cuando creíamos que nos encaminábamos a pensar en el desarrollo, en el futuro, en un país más justo y en paz para las nuevas generaciones. Pero no, nos perdemos en la eterna “Patria boba”: Algo está realmente mal en la salud mental de nuestros dirigentes.

Germán Umaña Mendoza
Profesor

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes