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Gonzalo Gallo González
columnista

Ser, hacer y tener

Si tu prioridad es ser una persona íntegra, consciente y amorosa, en eso enfocas el hacer y, ¡oh sorpresa!, tienes de sobra.

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
mayo 30 de 2019
2019-05-30 09:37 p.m.
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Para la mayoría de los conocedores, Nicolo Paganini (1782-1840) ha sido el mejor violinista de todos los tiempos. Era un genio, desde niño brilló y despertó emociones, algo que fue in crescendo porque sabía montar un show. Interpretaba con facilidad las piezas más difíciles y daba espectáculo al sacar variados sonidos a una sola cuerda con unas manos muy flexibles. Compuso conciertos para violín y en torno a él se creó una fama con rumores como el de que tenía un pacto con el diablo.

La verdad es que era en extremo talentoso y le fascinaba deslumbrar y despertar sensación con trucos como Liszt su contemporáneo. Era un ser de excesos en lo que componía, en especial sus Caprichos para violín, pero también en su vida privada. Lo seducían el juego y el licor hasta el extremo de dilapidar los grandes capitales que ganaba con sus exitosas giras. Paganini es un espejo de cuánto le cuesta al ser humano manejar bien la fama, el poder y las riquezas. Es común darle prioridad al tener sobre el ser y ubicar las posesiones por encima de las buenas relaciones alejando la felicidad.

La ciencia de la felicidad nos muestra con sus estudios que las relaciones son lo más importante para una vida feliz. Martin Seligman, padre de la sicología positiva, y sus colegas, investigaron sobre la gente más feliz del mundo. Descubrieron que algo que diferencia al feliz de otros es que cultiva unas relaciones afectivas sólidas y libres de apegos asfixiantes. No son relaciones perfectas, porque en toda relación hay sequías y desacuerdos, pero amar es su prioridad en su vida.

Un mal de hoy es no usar bien la tecnología, y así las relaciones reales relegan a las reales a un segundo plano. Esto, por desgracia, resta felicidad a la gente, porque las buenas relaciones son una clave de la felicidad. Ya con ellas te gozas la vida si no juzgas, aceptas la realidad y ves oportunidades en las dificultades. Lo habitual es que una persona feliz es espiritual y Dios es una presencia en su existir. Cuando pones de primero el tener, eso condiciona tu hacer y, entonces, el ser se opaca. Si tu prioridad es ser una persona íntegra, consciente y amorosa, en eso enfocas el hacer y, ¡oh sorpresa!, tienes de sobra.

Tomar conciencia es lo mejor que puedes hacer para poder amarte, amar y ser feliz. Conciencia es la sabiduría y la claridad que alcanzas sobre quién eres, a qué viniste y cómo debes vivir y actuar. Es obvio que en el vértigo del hacer para tener son pocos los que dedican tiempo a conocerse y controlarse para darle prioridad al ser. Por lo mismo, obran con una gran inconsciencia, sufren, hacen sufrir y, un día, mueren sin haber vivido de verdad.

Para ser conscientes, los sabios siempre han practicado un frecuente autoexamen sin autoengaños ni excusas fáciles. Si lo haces con asiduidad te das cuenta de cómo actúas, aceptas tus fallas y haces compromisos para superarlas. Algo que no le gusta al ego, ya que en su soberbia cree que todo está bien y que no hay nada que mejorar. Dedica a tomar conciencia buenos momentos de tu vida y sabrás cuál es tu talón de Aquiles y cuáles son tus fortalezas. Ya hay empresas conscientes que capacitan a sus empleados para darle prioridad al ser y al espíritu sobre el tener. Lo constato feliz en mi labor de conferencista.

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