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Gonzalo Restrepo L.
columnista

Lloró… en soledad (I)

En esta época electoral en la que la política recuerda los trazos completos del mapa de Colombia, nos imaginamos cómo se vería Lloró.

Gonzalo Restrepo L.
POR:
Gonzalo Restrepo L.
abril 25 de 2018
2018-04-25 09:32 p.m.
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El banano es cocido como uno de los alimentos recurrentes en la alimentación de indígenas y afrodescendientes que habitan en el municipio chocoano de Lloró.

El desayuno lo suelen acompañar con ingredientes que varían: carne de guagua o tortilla de huevo. La colada de popocho, una clase de plátano que se consigue en la región, sigue siendo usual a pesar de que muchos alimentos típicos han caído en desuso por la llegada de refrescos y bocadillos industriales. No hay cambios en la rutina de aseo: los pobladores van al río, que hace las veces de ducha, sanitario y lavaplatos. Todo en uno. Luego en el almuerzo hay banano nuevamente, igual que en la comida. Sigue siendo un albur la carne o alguna otra proteína. Puede o no estar. De verduras más bien poco.Tampoco puede decirse que las tres comidas estén garantizadas. ¿Los niños? Hacen parte del mismo plan. Muchos de los que pueden recibir leche materna porque son menores de 2 años no lo hacen, y comparten ración con el resto de sus parientes en cada hogar.

Los dos grupos poblacionales que conviven en Lloró: indígenas y afros tienen creencias y hábitos diferentes, pero sus niños sufren las mismas inclemencias de enfermedades infecciosas y parasitarias. Las razones se ven en sus lugares de vivienda, en sus mesas, en sus sonrisas tímidas, en sus rostros y en las paradojas. Cae mucha agua en tiempos cortos. A este fenómeno se le conoce como pluviosidad y ocurre de forma singular en Lloró. Una vista panorámica permite ver los ríos Andágueda, Carepa, Tumutumbudó y el Atrato, este último es el tercer río más navegable de Colombia y el que tiene mayor volumen de agua que circula por su cauce. Por esta característica se le conoce como el más caudaloso. No tan naturales son cifras que no deberían hacer parte del paisaje, como la mortalidad en menores de 5 años por desnutrición: 69,01 por 1.000 niños nacidos vivos en Lloró. Esto puede llamarse de muchas formas. Olvido, soledad, negligencia o abandono.

Se repiten comidas y rutinas; el agua que se lleva los desechos es la misma que se consume y que se supone lo limpia todo. Para esta generación son iguales los obstáculos a los de sus ancestros: escasa infraestructura de transporte, nulos sistemas de saneamiento, baja producción agrícola. Es urgente un cambio para aliviar la anemia y otros males y para mejorar la alimentación materno infantil en la lucha por erradicar la desnutrición crónica, ya que constatamos que cuanto más olvidada una población, más males acompañan al hambre.

Nuestro compromiso es la causa Gen Cero –primera generación con cero desnutrición crónica en el 2030–. Ante la realidad de regiones como la chocoana, podemos hablar con el conocimiento que nos lleva a decir que la intervención debe ser integral y supone acciones en todos los frentes a la vez, y no solo en unos. En esta época electoral en la que parece que la política recuerda los trazos completos del mapa de Colombia, nos imaginamos cómo se vería Lloró finamente delineado e incluido en algún plan de inversión estatal. Es un sueño, pero también es la obligación de todos nosotros –los de la ‘otra’ Colombia–.

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