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Columnista

China recargada

Más que acelerar el crecimiento, lo que busca China es un sendero firme hacia la sociedad ‘moderadamente próspera de manera integral’.

Guillermo Puyana
POR:
Guillermo Puyana
marzo 28 de 2019
2019-03-28 09:10 p.m.

La solución china al acertijo de la caída del crecimiento económico en el 2018 vino con la expedición de nueva ley de inversión extranjera el pasado viernes 15 de marzo, a las 9 de la mañana, por la Asamblea Nacional Popular, aprobada con 2.929 votos contra 8 negativos, 8 abstenciones y 3 ausencias: toda una ley de consenso.

Las interpretaciones sobre las razones de China para haber rediseñado su estrategia de inversión extranjera apuntaban casi todas hacia lo obvio: que el país buscaba aplacar la ira que desató lo que todos califican de guerra comercial entre Estados Unidos y China desde principios de la presidencia norteamericana inaugurada en enero del 2017. Otros indicaron, además, que la ley es una herramienta para controlar la caída del ritmo de crecimiento chino, una tendencia que empezó en el 2007 cuando llegó al 14 por ciento y 12 años después llegó al 6,6 por ciento. Todo esto en un clima predicho por las autoridades económicas chinas desde el año 2000, cuando dijeron que crecimientos del 10 por ciento no eran reales ni sostenibles.

La nueva ley hace parte de la estrategia de llevar a China hacia una ‘economía de alta calidad’ enfocada en el desarrollo del mercado interno y la ampliación de oferta de productos de alto valor agregado y tecnología. ¿Tiene esto que ver con la camorra desatada por Trump? No mucho.

El marco regulatorio de inversión extranjera chino está en tres leyes expedidas entre 1979 y 1981, cuando las necesidades eran otras. La idea de modernizarlas quedó plasmada en los protocolos de acceso de China a la OMC en el 2001. Los primeros documentos preparatorios fueron elaborados para circulación interna del partido comunista y el Gobierno, hacia el 2012, cuando empezó el complejo proceso de consultas y ensayos a lo largo y ancho de China. En enero del 2017, cuando Trump no se posesionaba aún, el Consejo de Estado chino emitió una circular externa sobre el tema y la ley fue aprobada la semana pasada para entrar en vigor en el 2020, ya sin elecciones en Estados Unidos y quizás con otro presidente.

La nueva ley se enfoca en tres problemas: la protección a la propiedad intelectual, la igualdad en el acceso al mercado de compras estatales chinas y la estabilidad legal sobre todo frente a tarifas y aranceles sancionatorios que se producen en medio de caldeados ambientes políticos electorales como el que se está viviendo en Estados Unidos.

Con esta estrategia, más que acelerar el crecimiento, lo que busca China es un sendero firme hacia la sociedad ‘moderadamente próspera de manera integral’ para el 2030, con una base de clase media del 50 por ciento de su población. Para Mc Kinsey, la clase media china son hogares con ingreso promedio de 25.000 dólares al año; otros ubican un país en clase media por un coeficiente Engel del 50 por ciento.

Por 27 años consecutivos, China ha sido el mayor país en desarrollo receptor de inversión extranjera. Al 2018, había 960.000 empresas con ese capital y se espera que en el 2020, solo por reinversión de utilidades, la nueva ley dirija hacia la economía china 20.000 millones de dólares. Las oportunidades para el mundo son gigantescas. Eugene Kaspersky, CEO de Kaspersky Lab, dijo que la estrategia china de desarrollar una economía de alta calidad le cae como anillo al dedo porque ellos ofrecen productos de alta calidad y en eso lo siguieron los directores de L’Oreal y Coca-Cola.

Los desafíos del gobierno chino son enormes, porque la sociedad moderadamente desarrollada debe verse en 12 años, pero el rezago en los índices de igualdad que la miden es muy preocupante y el tiempo apremia.

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