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Harry Adler
Análisis

Heurísticas, inversiones y pensiones

Para el profesor Thaler, la incapacidad de ahorrar para el retiro es un serio problema social. Y dos sesgos mentales figuran entre las causas.

Harry Adler
POR:
Harry Adler
agosto 08 de 2018
2018-08-07 06:31 p.m.
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En su época de estudiante, Richard Thaler, el más reciente Premio Nobel en Economía, se divertía diseñando juegos y recopilando ejemplos anec-dóticos relacionados con el comportamiento cotidiano de los consumidores. Buscaba identificar situaciones que no se ajustaban a las premisas propuestas por la teoría económica clásica.

En uno de ellos, planteaba la siguiente situación: si sale cara, usted gana X dólares; si sale sello, pierde 100. ¿Cuál es el valor mínimo de X por el cual estaría dispuesto a aceptar esta apuesta?De acuerdo con los modelos tradicionales, que asumen que la gente actúa racionalmente, maximizando la utilidad esperada, la respuesta debería ser 100. Pero para la mayoría de los interrogados la respuesta fue alrededor de 200, cifra mínima que requerían para cubrir la desazón que produciría esa pérdida.

La ciencia que practica el profesor Thaler se enfoca en la intersección entre la sicología y la toma de decisiones económicas. Cuatro premios Nobel en Economía han sido otorgados en esta especialidad. Particularmente relevante fue el del sicólogo israelí Daniel Kahneman, en el 2002. Lo obtuvo también Robert Shiller en el 2013, y tiempo atrás Herbert Simon en 1978, con su teoría de ‘Racionalidad Limitada’. Y aunque no galardonado, imposible omitir a Keynes y sus ‘Espíritus Animales’, en 1936.

Probablemente, el aporte de Kahneman más difundido es el tema de ‘aversión al riesgo’, mediante el cual comprobó que los humanos somos particularmente sensibles a las pérdidas. Experimentalmente, demostró que generan un dolor ente 2 y 2,5 veces más intenso que el placer producido por una ganancia equivalente. Y que la curva de la función de valor es normalmente cóncava en el rango de las ganancias, convexa en el rango de las pérdidas, y mucho más pronunciada para estas últimas. Las implicaciones son mucho más que anecdóticas.

Por una parte, uno de sus múltiples efectos es una menor tolerancia a los activos volátiles, como por ejemplo la renta variable, que a la larga son quienes tienden a producir los rendimientos más altos.

En un experimento, Thaler, junto con Kahneman, y otros investigadores, dividieron a los participantes en dos grupos, con la tarea de efectuar simulaciones de largo plazo en sus portafolios. La idea era modificar gradualmente su composición entre renta fija y renta variable, unos con recomposiciones mensuales, y los otros con recomposiciones anuales.

El resultado fue que los primeros asignaron 41 por ciento en renta variable, y los segundos 70 por ciento. Comprobaron, de esa manera, que a mayor la frecuencia con que se observa un portafolio, mayor la probabilidad de toparse con pérdidas, lo cual, a su vez, retroalimenta la aversión al riesgo.

Este fenómeno, inherente a la naturaleza humana, juega un papel determinante en la teoría descriptiva formulada por Kahneman y su difunto colega, y entrañable amigo, Amos Tversky, con respecto al proceso mediante el cual escogemos entre diferentes opciones que involucran probabilidad y riesgo. Iniciaron su colaboración en Israel, en 1974. Un año más tarde, la teoría estaba prácticamente formulada, bajo el nombre de ‘Teoría de Valor’, matemáticamente bastante compleja, por cierto. Fue publicada en 1979, bajo el nombre de Prospect Theory, como un modelo alternativo a los resultados inconsistentes de comportamiento ofrecidos por la teoría clásica, y tan comúnmente observados en la práctica.

Relataba Kahneman que para llevar a cabo el proyecto, obtuvieron considerable ayuda por parte de un joven economista, de apellido Thaler, quien habría de afirmar más tarde que muchas de las anomalías pueden explicarse como una extensión del concepto de aversión al riesgo.

El hecho es que de la mano con sicólogos, han comprobado que para evaluar alternativas solemos tomar atajos, o sesgos mentales, que nos impiden elaborar juicios óptimos en la toma de decisiones financieras. Explican que los humanos contamos con dos sistemas para procesar pensamientos. Uno es intuitivo y automático, el otro reflexivo y racional.

El primero nos es de gran utilidad en la vida diaria, como, por ejemplo, en situaciones de urgencia. A él recurrían bastante nuestros antepasados al ver algún animal raro merodeando cerca de sus cavernas.

En sicología, la heurística se refiere al conjunto de esas reglas de dedo, eficientes y sencillas, que nos ayudan a formar juicios y tomar decisiones rápidamente. Pero tienen el problema que nos inducen a enfocar en aspectos parciales, a costa de ignorar otros quizás de mayor importancia, que con frecuencia nos llevan a tomar atajos, o sesgos mentales, en situaciones propias de la vida moderna.

Y peor aún, cuando invertimos, nos llevan a cometer errores, algunos sistemáticos y predecibles, a partir de los cuales analistas sofisticados se lucran al incorporarlos en sus algoritmos. Parte importante de la labor de estos economistas consiste en identificar heurísticas, y los sesgos mentales asociados con ellas.

Para el profesor Thaler, la incapacidad de ahorrar para el retiro es un serio problema social. Y dos sesgos mentales figuran entre los principales causantes: la inclinación hacia la satisfacción inmediata, y la inercia. Considera que dentro de todos los logros en el ramo, de lejos el más importante ha sido su aporte en el tema de las pensiones. Por alguna razón han acudido a ellos gobernantes de muchos países, habiéndoles quedado muy claro que el debate no puede reducirse a consideraciones macroeconómicas.

Harry Adler
Asesor en inversiones internacionales

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