1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Jorge Coronel López
Columnista

La nueva clase social

Se ha vuelto común ver cómo la bicicleta, la moto y el vehículo, se ha convertido en medio de sustento sin vinculación laboral alguna. 

Jorge Coronel López
POR:
Jorge Coronel López
julio 17 de 2019
2019-07-17 09:26 p.m.
https://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbf7c40a6d.png

La máquina de vapor marcó el inicio de la clase obrera en Inglaterra cuando esposos e hijos –prole– dejaron de hilar, tejer y vender, para pasar a hacer parte de la industria textil. La introducción del maquinismo y su consecuente mayor producción fue requiriendo más personas, que atraídos por más ingresos, abandonaron lentamente sus anteriores ocupaciones, artes y oficios, y poco a poco se fueron distanciando de sus actividades artesanales. Estos cambios redujeron el tiempo de disfrute con familiares y amigos, incluso, impidió alternar su rutina fabril con su identidad rural.

Una de las características de la Revolución Industrial fue la migración del campo a la ciudad, migración que se ha profundizado en las diferentes fases de dicha revolución. Hoy, esta migración persiste, aunque no necesariamente se explica por ello. Las explicaciones pasan ahora por otras razones y son tan diversas que varían según el lugar.

Asistimos ahora a la revolución tecnológica, que no se detiene y parece tan incontenible como inimaginable su desarrollo y alcance. En ella no se refleja ninguna posibilidad de modificar los flujos migratorios, al contrario, los profundiza. Lo que sí evidencia es la proliferación de una clase social que viene atada a las aplicaciones móviles, que son como la máquina de vapor de otrora, en el sentido de que las personas al no encontrar empleo y ser excluidos del mundo del trabajo, han tenido que refugiarse en servicios por red.

Se ha vuelto común ver cómo la bicicleta, la moto y el vehículo, activos que poseen las personas, se les ha convertido en su medio de sustento sin vinculación laboral alguna, e incluso, con incertidumbre en su protección social. Esta única opción ‘laboral’ se ha vendido bajo la idea de que son emprendimientos y con la nefasta creencia de que es posible manejar su tiempo. Lo que poco se cuenta es el precario cambio que reciben por los servicios prestados pese a creer que es una remuneración o salario.

La falta de empleo –ojalá dentro de la lógicas del trabajo decente que impulsa la OIT– es la muestra del fracaso no solo de las políticas laborales, sino de las mismas políticas de desarrollo. El trabajo decente no está en este campo tecnológico de los servicios. Los verdaderos empleos sí pueden estar en la revolución tecnológica, pero los encontraremos cuando seamos capaces de ver en los territorios capacidades empresariales y cuando entendamos las enormes posibilidades de crear nodos de producción.

Si mantenemos la idea de que detrás de las aplicaciones hay realización personal y que eso son emprendimientos, pues seguiremos equivocados. Esto no libera a las personas, ni les permite su desarrollo. Al contrario, contribuye a crear una nueva clase social precaria y pobre, sin posibilidades de ascenso, con serias restricciones para acceder a mejores condiciones de vida y con problemas de ingresos.

Es una clase social que vive pegada de sus móviles buscando servicios, sin tiempo de ocio y familiar, mientras su realización se pospone entre la incertidumbre de las largas jornadas a que los someten.

Jorge Coronel López
Economista y profesor universitario
jcoronel2003@yahoo.es

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado