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Juan Manuel Ramirez M.
columnista

Educación financiera

El desarrollo trae consigo una suerte de independencia o aislamiento social producto de la misma tecnología.

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
febrero 07 de 2019
2019-02-07 09:01 p.m.
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Esta semana, la noticia del suicidio de una madre y su hijo en Ibagué conmovió al país. Entre las razones que especulan las autoridades estaba una deuda en la modalidad del “gota a gota” que evidenciaba la difícil situación económica de esa familia.

Nuevamente quedan sobre la mesa desafíos que tenemos como país: crecer los niveles de bancarización para la población más necesitada, la necesidad de avanzar en oportunidades para la generación de riqueza, el impulso al empleo de calidad en las regiones y, una variable que pese a que se subestima es fundamental, el fortalecimiento de las redes familiares.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 100 causas de muerte por violencia, 50 son por suicidio, un tercio por homicidio y un 20% por acciones bélicas o actos terroristas. Es tal el nivel de esta problemática que en el mundo se presenta un suicidio cada 38 segundos (en el 2020 se calcula que será cada 20 segundos), un homicidio cada 60 segundos y una muerte por actos terroristas o bélicos cada 100 segundos.

Paradójicamente, mientras en los países más desarrollados (que cuentan con un índice de calidad de vida más alto) el número de suicidios está por encima de la media, en América Latina la cifra es más baja. En Europa, por ejemplo, en promedio se quitan la vida 23,2 personas por cada 100.000 habitantes mientras que en Latinoamérica disminuye a 10,3. De hecho, la excepción en América Latina está en Uruguay y Chile que han desarrollado condiciones de vida más cercanas a las europeas. Colombia está en la mitad del ranking latinoamericano.

Hay dos grandes causas en materia de suicidio, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), los problemas financieros y de relaciones afectivas. En el caso del primero, la educación financiera y el acceso a la banca para los más pobres son fundamentales.

Un informe sobre inclusión financiera de la Superfinanciera revela que en Colombia aún quedan siete millones de personas por bancarizar y que entre quienes ya tienen acceso, cuatro de cada diez personas no usan sus productos financieros; de hecho, el 43 por ciento de los nuevos usuarios son jóvenes. Lo anterior quiere decir que ante la cultura de informalidad que aún persiste en Colombia, el reto apunta a garantizar el acceso al sector bancario y el aprovechamiento del mismo a través de la educación financiera (cómo ahorrar, planear gastos, invertir, cómo acceder a un crédito y cuando usar una tarjeta).

Y no podemos dejar de lado un aspecto que menciona la OMS que está directamente relacionado con la evolución de los países. El desarrollo trae consigo una suerte de independencia o aislamiento social producto, entre otras cosas, de la misma tecnología. Esa es una de las razones por la cuales en Latinoamérica la gente, que tiene por tradición grandes redes familiares, se suicida menos que en Europa y Estados Unidos. Así las cosas, tenemos enormes desafíos como país, desde lo público y privado, para enfrentar una problemática de salud que sigue enlutando a tantas familias colombianas.

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