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Manuel José Cárdenas

Testimonio final

Guillermo Perry no solo fue un pensador agudo, sino un orientador del debate público, con la única intención de mejorar el país.

Manuel José Cárdenas
POR:
Manuel José Cárdenas
octubre 06 de 2019
2019-10-06 04:18 p.m.
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Me ha impresionado mucho la muerte de Guillermo Perry, uno de los exponentes más lúcidos de los colombianos que surgieron a la vida pública en la segunda mitad del siglo pasado y que brilló con luz propia a lo largo de su fructífera existencia como conspicuo protagonista de la modernización y de la institucionalización del país. Lo conocí desde su paso por el Departamento Nacional de Planeación en el gobierno de Carlos Lleras, de quien fue un ferviente admirador, y tuve oportunidad de seguir su paso fulgurante por la vida pública, como director de impuestos, dos veces ministro, senador y constituyente.

Retirado del servicio público por decisión propia se convirtió, a partir de 1996, en un asesor altamente respetado cuyas opiniones eran demandadas no solo el país sino en el exterior.

Paradójicamente el mejor biógrafo de Guillermo es él mismo, pues como si presumiera su muerte hace pocos días publicó el libro Decidí contarlo, en donde en amenas conversaciones con Isa López hace un recuento no solo de su propia historia sino que relata 50 años de la economía y política del país. Allí pone en blanco y negro el destacado papel que jugo. Este libro por lo tanto constituye su testimonio final.

Ante los numerosos artículos que se han escrito en su memoria, y el sentido homenaje que se rindió en la Universidad de los Andes, pensé en determinado momento que estas notas podrían sobrar, pero decidí de todas maneras escribirlas para destacar el unánime pesar que deja su fallecimiento. Sus contribuciones al país fueron muchas, destacándose la modernización del régimen tributario, cuya reforma de 1974 aún se recuerda como la gran reforma estructural de la segunda mitad del siglo pasado; la renovación energética llevada a cabo en el Gobierno de Alfonso López (1974-1978), que permitió fortalecer la industria petrolera y minera en Colombia; y la restructuración del Estado plasmada en la Constitución de 1991.

Perry demuestra en su libro que a pesar del ambiente difícil del país, una tecnocracia convencida de su papel, de la cual él es uno de sus mejores representantes, se la ha jugado para fortalecer al Estado y mejorar las condiciones de vida de los colombianos, poniendo en cintura a los políticos. Una misión poco reconocida que aún no ha terminado, pero que ha dejado resultados palpables. No solo fue un pensador agudo, sino un orientador del debate público, con la única intención de mejorar las cosas en el país y buscar el interés general.

Sin negar los graves problemas que aún hay por solucionar, los colombianos en estos últimos 50 años han mejorado sus condiciones de vida. Paulatinamente, la pobreza, el analfabetismo y las tasas de mortalidad infantil se han reducido; las expectativas de vida han aumentado, y el acceso a vivienda digna y a los servicios públicos se ha optimizado.

Guillermo Perry fue actor principal para que estos hechos negativos se hubieran corregido con una acción del gobierno eficaz, una estructura tributaria adecuada, mejoras de los servicios públicos, de la infraestructura, la descentralización y en el mejoramiento de la inserción internacional del país. En todos los cargos públicos que desempeño le dio a estos problemas el enfoque y la solución adecuada. Lo mismo hizo en sus consultorías y artículos de prensa para tratar diferentes temas.

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