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María Sol Navia V.
Columnista

Un año sin mermelada

Democracia implica debate, y de la discusión y evaluación de proyectos y propuestas debe surgir una síntesis, ojalá con mejores políticas públicas.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
septiembre 22 de 2019
2019-09-22 08:11 p.m.
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Ha transcurrido el primer año del gobierno de Iván Duque. Un gobierno que de alguna manera podemos definir como diferente, por cuanto cambió el relacionamiento con el congreso y con los partidos y grupos políticos.

Si bien, la presidencia de la república es una función eminentemente política y constituye el ejercicio por excelencia de la ‘Politica’, la forma de desarrollar y cumplir sus tareas y ejecutar su plan de gobierno, en la búsqueda del bien común, puede adelantarse bajo distintos esquemas.

El Presidente respondiendo a la voluntad del país, que cansado de la corrupción, pedía un manejo de las relaciones con el congreso diferente y eliminar el intercambio de favores por la aprobación de proyectos de ley.

Este fue un cambio radical y ha causado un remezón en el proceso político, el cual ha sido valorado por muchos, pero no entendido por otros tantos, quizá la mayoría, que miden resultados por leyes y proyectos aprobados, y que estos sean aprobados en las condiciones presentadas por el ejecutivo.

De allí que algunos analistas se refieran a falta de gobernabilidad, o fracaso en el logro de los objetivos del gobierno.

Ha sido una tarea muy difícil, pero merece reconocimiento el hecho de que a pesar de las presiones, ha mantenido su compromiso y ha cumplido con el estilo de gobierno que ofreció. Es muy deseable que este paso signifique un cambio real en las costumbres políticas del país y que logren desterrarse las nefastas prácticas.

Otra cosa es, si logrará sacar adelante todo su plan de gobierno y las iniciativas que presentó al país y por las cuales fue elegido.

El Congreso es el recinto de la democracia, y la institución que nos representa, a pesar de su desprestigio, por lo tanto, tiene la obligación de analizar y estudiar seriamente todos los proyectos y cumplir las funciones que le asigna la constitución nacional. Ejercicio que debe hacer con la mayor responsabilidad y buscando el bienestar de toda la ciudadanía.

Allí es donde tenemos el deber de exigir a nuestros representantes que el análisis, se rija por los principios del bien común y no por las exigencias que se ajusten a sus propias apetencias e intereses politiqueros, que buscan mantener sus curules a perpetuidad y favores para sus amigos.

El relacionamiento del ejecutivo y el legislativo debe ser transparente y sujeto al análisis de toda la ciudadanía.

En esa relación cumplen indudablemente un papel muy importante los ministros, estos son cargos políticos, y por tanto además de técnicos deben tener una representación política para socializar ideas o proyectos, sin que esto signifique mermelada o intercambio de favores.

Los proyectos presentados y aprobados no son la única medida de gobernabilidad, pero son necesarios cundo de acuerdo con la estructura jurídica del país las políticas públicas diseñadas requieren de leyes para su implementación.

La democracia implica debate, y de la discusión y evaluación de proyectos y propuestas debe surgir una síntesis, ojalá con las mejores políticas públicas.

María Sol Navia
​Exministra de Trabajo.
msol.navia@gmail.com

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