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Mario Hernández Zambrano

La responsabilidad del sector privado

La oposición privada no puede ser ‘cerrera’ en temas como el pronto pago de las obligaciones financieras en favor de pequeños y medianos empresarios.

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
octubre 06 de 2019
2019-10-06 04:13 p.m.
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“Ausente y eso hace mucho daño. Hay dirigentes gremiales que hacen su oficio, pero eso no es lo mismo que tener personas que sean la cara visible de las compañías que manejan. Sobretodo porque extraño el mensaje de que el sector privado entiende que su responsabilidad va mucho más allá de pagar impuestos y dar utilidades…el bajo perfil es cómodo para muchos. El lío es que no sirve”. La claridad y contundencia de la frase no deja duda alguna y más si la hace, nadie más ni nadie menos, que el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, el ex ministro colombiano Luis Alberto Moreno, quién preside al organismo multilateral de crédito más importante del mundo después del Banco Mundial.

Pese a que todos sabemos que es así, la aseveración hecha por Moreno en una entrevista de El Tiempo, el 30 de septiembre, no generó el debate que debería tener no en las anarquizadas redes sociales, sino en medios especializados, en los mismos gremios y en la academia.

Lo anterior no quiere decir que la reflexión y el debate no deban abrirse con toda claridad, transparencia y sin agresiones en contra del sector privado colombiano, pues “el palo no está para cucharas”, como lo escribió hace unas semanas el columnista Juan Lozano, al referirse a la baja credibilidad de las llamadas instituciones colombianas, entre ellas la clase empresarial, hecho que en otros países ha antecedido a un cambio de relaciones de poder a favor de grupos populistas o de izquierda, que a decir verdad han salido con “chorro de babas” en el manejo de los asuntos de Estado y por el contrario han profundizado los problemas económicos y sociales. Los ejemplos están ahí en nuestra región latinoamericana.

El sector privado nacional necesita hacer una urgente reflexión en varios asuntos, dentro de los cuales hay una a la que alude Moreno: la generación de empleo y el pago de impuestos no es parte de la responsabilidad social, sino producto del giro de los negocios para obtener unas utilidades legítimas. O es que ¿La racionalidad empresarial permite generar empleo o pagar impuestos cuando hay pérdidas? Ni más faltaba.

Un segundo elemento del debate es creer que la responsabilidad de los problemas del país es un asunto del gobierno y nada que ver con los particulares. Y en ese orden, la asignación de los dineros públicos y su transparencia no puede dejarse en manos de unos técnicos bien intencionados, mientras muchos particulares rondan la captura de esas rentas generadas por toda la comunidad. La corrupción es un asunto que involucra al sector privado y de la cual no puede evadir responsabilidades.

Hace semanas escuché a un empresario agrícola jactarse por haber obtenido un subsidio del Estado luego de un intenso trabajo de cabildeo que hizo su gremio. Eso no está bien ni puede interpretarse como un sano ejercicio de responsabilidad empresarial.

El asunto no para ahí. La oposición privada no puede ser “cerrera” en temas como el pronto pago de las obligaciones financieras en favor de pequeños y medianos empresarios, como tampoco se puede tener una visión cortoplacista en temas como una reforma laboral que el país necesita para ajustarse a las condiciones globales de competitividad. La visión en estos tópicos debe tener un claro interés nacional y no para privilegiar a un sector o actividad y en contra del interés de todos. El camino no puede ser la comodidad a la que se refiere el presidente del BID.

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