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Mauricio Cabrera Galvis

Filantropía contra la desigualdad

Aunque la mejor forma en que los billonarios ayuden a bajar la pobreza es pagando sus impuestos, mientras esto se logra son necesarios filántropos.

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
septiembre 15 de 2019
2019-09-15 03:41 p.m.
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Si la filantropía se define como las acciones realizadas por amor a la humanidad y por el bienestar de la comunidad, la Fundación de Bill y Melinda Gates (BMG) es uno de los casos más extraordinarios de esta actividad que ojalá fuera replicado en muchas partes.

Bill Gates es conocido por ser el fundador de Microsoft y una de las personas más ricas del mundo, pero es menos conocido que desde el 2008 dejó su trabajo cotidiano en esa empresa para dedicarse a trabajar en una fundación que su padre había creado en los años 90 y que después fue transformada con su propio nombre y el de su esposa. Ella, Melinda, es una ingeniera que también trabajaba en Microsoft de donde se retiró para dedicarse a sus hijos y, cuando ya crecieron, a trabajar de tiempo completo en la Fundación.

Dos son los aspectos más sorprendentes de esta Fundación: uno, el tamaño de su patrimonio y, por lo tanto, el valor y el alcance de las obras que realiza y, dos, sus objetivos y el enfoque empresarial con el que realiza sus actividades. El año pasado la Fundación BMG financió programas por valor de US$5.000 millones (más de $16 billones). Aportes de esta cuantía son posibles porque el patrimonio actual de la Fundación es de US$48.000 millones y en estas dos décadas ha promovido programas y realizado donaciones por otros US$50.000 millones. Para tener una referencia, la suma de las dos cifras supera el presupuesto nacional que acaba de aprobar el Congreso.

¿De donde ha salido esa enorme cantidad de dinero? La mayoría de los aportes de los Gates, quienes han donado US$36.000 millones, y de otro billonario filántropo, Warren Buffet, quién ha donado otros US$30.000 millones. Ellos decidieron que no aspiraban a ser los más ricos del cementerio y se comprometieron a donar la mayor parte de sus fortunas mientras estuvieran vivos. Pero no para cualquier causa, sino para combatir la pobreza y la desigualdad en el mundo.

Interesante señalar que en el caso de los Gates, ellos mismos reconocen que el origen de esta decisión está en los valores cristianos en que fueron educados: “nuestras familias creían que si la vida lo ha bendecido, usted debe devolver esos regalos de la manera más sabia posible”. Muy diferente al enfoque de salvación individual y negocio de los pastores de muchas, no todas, de las llamadas iglesias que ahora pululan en el mundo.

El otros aspecto distintivo de la Fundación BMG es el manejo empresarial y no asistencialista de sus programas y donaciones. Parten de diagnosticar que una de las principales causas de la pobreza y la desigualdad es la falta de acceso a educación y servicios de salud de calidad, y buscan programas en el mundo que reduzcan las enfermedades que afectan a los más pobres –como la malaria o el polio- o que mejoren la nutrición o la calidad de la educación que reciben los niños. Para garantizar el éxito buscan socios locales, expertos en cada tema, diseñan planes de acción y plantean objetivos cuantificables.

Es cierto que la mejor contribución que pueden hacer los billonarios del mundo para reducir la pobreza y la desigualdad es pagar los impuestos que les corresponden, pero mientras se logra que lo hagan, son necesarios filántropos como la Fundación BMG.

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