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El póquer sangriento de Donald Trump

El primero de mayo, el presidente estadounidense destapará una carta en su partida: decidirá si le aplica aranceles al acero y aluminio de la Unión Europea, Brasil, Argentina.

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abril 11 de 2018
2018-04-11 08:52 p.m.
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Lo más preocupante de la actual política comercial del presidente Trump es la manera como la está aplicando, es decir, con desdén por las normas e instituciones internacionales.

No existe la menor duda de que la reciente sobretasa arancelaria a las importaciones de acero y aluminio de Estados Unidos viola el derecho internacional de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los abogados envolvieron los aranceles en un empaque al cual le pusieron la etiqueta ‘seguridad nacional’. No es seguridad nacional, es protección a la industria, respondieron los europeos, y tienen razón.

El hierro y el acero son insumos fundamentales para la fabricación de armas, y la dependencia del extranjero vulnera la seguridad nacional –eso es defendible en un tribunal internacional–. Pero, según la medida, las importaciones provenientes de Canadá y México no la vulneran, mientras que las provenientes de otros países amigos como la Unión Europea, Japón, entre otros, sí lo hacen.

El tratamiento que le dio la administración Trump al problema de propiedad intelectual con China, viola también el derecho internacional de la OMC. El Secretario de Comercio Wilbur Ross (banquero de inversión, apodado ‘mister bancarrota’), organizó audiencias en las cuales se recogieron testimonios a partir de los cuales la administración concluyó que China estaba robándole la propiedad intelectual a los gringos. Aunque, seguramente, los chinos son culpables, Estados Unidos aplicó justicia con su propia mano: los condenó sin brindarles la oportunidad de defensa, e impuso como castigo aranceles a 1.100 productos (comercio de 50 billones de dólares).

Para quitarle hierro al impacto del arancel al aluminio y al acero, el señor Ross apareció en televisión con una lata de Coca-Cola en la mano afirmando que el impacto sobre esa lata era cercano a cero. Hace 16 años, el presidente Bush puso un arancel similar que luego fue declarado ilegal en la OMC. Los estudios demostraron que durante el tiempo que estuvo en vigor, los costos (para industrias consumidoras de acero como la automotriz), superaron los beneficios (aumento en la producción de acero).

Es improbable que los aranceles de Trump se traduzcan en ampliación de la capacidad de producción de acero y aluminio; los aranceles son ilegales –nadie construye un predio sobre un terreno cuyo título de propiedad es dudoso–.

Así como los aranceles castigan a los chinos, también castigan a los gringos –las autoridades tuvieron que abordar la penosa tarea de decidir a quién castigar en Estados Unidos–. Las grandes superficies, como Walmart, respiraron con alivio, pues la administración se cuidó en no castigar de frente al consumidor final; el iPhone también se salvó –se ensambla en China, donde se le agrega un 5 por ciento de su valor–.

En mayo se celebrarán audiencias para recibir comentarios sobre la lista negra de productos –la sala de audiencias estará repleta de empresas afectadas–. Para alquilar balcón.

Trump se pregunta por qué el arancel negociado en la OMC para importar vehículos en Estados Unidos es 2,5 por ciento, en la Unión Europea, de 9,5 por ciento, y en China, de 20 por ciento. Porque nuestros negociadores son unos estúpidos, se responde él. El valor promedio de los aranceles de importación que negociaron Estados Unidos (1995) y China (2001) en la OMC, fue de 3 por ciento para el primero y 10 por ciento para el segundo. La OMC es unfair con Estados Unidos, dice él, por eso su desdén.

El presidente Trump sigue a sus instintos y no a sus asesores –y su instinto es el de un negociador que aplica su exceso de fuerza para quedarse con la parte del león–. Ahora está aplicando una táctica de jugador de póquer: en su pulso con China triplicó su apuesta. En respuesta a la contestación de los chinos, de también subir sus aranceles, ordenó que le presentaran para su consideración una ampliación de la lista negra de productos, hasta llegar a un comercio de 150 billones de dólares.

El primero de mayo, Trump destapará una carta en su partida de póker: decidirá si le aplica aranceles al acero y al aluminio de la Unión Europea, Brasil, Argentina. Los europeos ya se armaron con aranceles para ejercer presión para que los saquen de la lista negra. Dichos aranceles son una violación a nuestro TLC, pero nuestro ministerio les ha dicho a los exportadores colombianos que se contacten con sus compradores en Estados Unidos para que los defiendan.

Diego Prieto Uribe
Experto en comercio exterior

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