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Explorar, explorar y explorar, esa es la consigna

Es una buena noticia el leve incremento de las reservas de petróleo, y mala, la disminución de las de gas.

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mayo 15 de 2019
2019-05-15 08:37 p.m.
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El leve incremento en las reservas probadas de petróleo del país, pasando de 5,7 años en el 2017 a 6,2 en el 2018, es una buena noticia que confirma un avance en la reactivación del sector, como lo ha señalado la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez. Por segundo año consecutivo, las reservas de crudo mejoran tras tocar fondo en el 2016, a raíz de la crisis en los precios internacionales, que golpeó al sector, a la economía, y al país.

No obstante, la noticia debe ser recibida con realismo. Sin negar lo positivo, es una extensión de tiempo de seis meses en las reservas probadas de petróleo (0,5 años); no es más. De ahí la importancia de entender cómo se definen las reservas y las variables que las determinan: el precio, la producción, y el incremento real de crudo o gas a las mismas.

Las reservas probadas son aquellas que pueden convertirse en producción rápidamente, con una probabilidad mayor al 90 por ciento; las probables, aquellas con 50 por ciento de probabilidad de ser convertidas en barriles; y las posibles, con 10 por ciento. El resto se le conoce como recursos contingentes: se sabe que hay un potencial pero no es clara su materialidad ni si es viable y factible extraerlo, por razones técnicas o de mercado; una simple quimera.

Es decir, las reservas varían. Si los precios internacionales suben, un petróleo o un gas costoso de sacar, podría ser extraído debido a los mejores precios; en ese escenario unas reservas probables se vuelven probadas. Ocurre lo contrario si los precios bajan, se dificulta extraer el hidrocarburo costoso; y en ese caso, unas reservas probadas se vuelven probables. A esta variación de las reservas se le conoce como variación técnica.

Indica la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) que el país incorporó 492 millones de barriles de reservas en el 2018 y produjo –se gastó– 316 millones barriles. Es decir, hubo un excedente de 176 millones de barriles en el año, que dividido por una producción diaria de 865.000 barriles, arroja 203 días de reservas adicionales, seis meses más, mal contados.

Lo preocupante del caso es que de los 492 millones de reservas añadidas, solo 42 millones son producto de nuevos descubrimientos; los demás corresponden a aspectos técnicos –incorporación de nuevos barriles con un mejor recobro (mecanismos de estimulación)– y de factores económicos.

Lo anterior para recordar que hay distintas razones por las que las reservas susceptibles de ser convertidas rápidamente en producción, varían. Aspectos que son importantes al momento de hacer el corte y de certificarlas. El leve incremento en las reservas de crudo, que pasaron de 1.782 millones de barriles (MB) en el 2017 a 1.958 millones en el 2018 es positivo, pero hay que analizarlo teniendo en cuenta todas las variables.

Ahora bien, en cuanto al gas, la noticia de una reducción en la vida útil de las reservas de 11,7 a 9,8 años, pasando de 3.896 en el 2017 a 3.782 giga pies cúbicos en el 2018, es una mala noticia, infortunada y paradójica. Y lo es porque tenemos gas pero enterrado en el subsuelo, en continental y costa afuera; y pese a tenerlo pareciera que estamos abocados a dejar estos recursos sin desarrollar y a perder la autosuficiencia a partir del año 2022.

Esto nos llevaría a importar grandes volúmenes de gas, con un alto costo para los hogares, la industria, y la generación eléctrica, es decir, para el bolsillo de los colombianos, y con un impacto negativo para la competitividad del país, pues la economía se mueve con energía.

De ahí la urgencia de explorar, de seguir reactivando la industria, como lo dice la Ministra. Es importante continuar aprovechando los campos maduros con técnicas de estimulación, descongelar áreas –como lo anuncia el presidente de Ecopetrol–, ampliar las fronteras geológicas en tierra firme, desarrollar el potencial costa afuera y, sin duda, los yacimientos no convencionales. Todos y cada uno de estos con total responsabilidad y celeridad.

Hemos perdido un tiempo precioso, pero no tiene sentido mirar atrás, menos cuando el Gobierno está comprometido en impulsar la reactivación del sector, pues sabe de su importancia para la seguridad energética, la sostenibilidad fiscal, el desarrollo del país; y el respaldo que representa para las fuentes renovables en la transformación energética.

La industria, por su parte, está comprometida en apostarle a Colombia y en desarrollar sus recursos hidrocarburíferos de manera sostenible, para garantizar el abastecimiento en petróleo y en gas, y continuar aportando recursos a la Nación y a todas las regiones.

En resumen: es una buena noticia el leve incremento en las reservas probadas de petróleo y es una noticia preocupante la disminución en las de gas. En ambos casos, debemos entender que el desafío es estructural: mientras nuestras reservas sean tan dependientes de los precios internacionales y el nivel de producción, tenemos una alta vulnerabilidad. Mientras no logremos dar un salto cuantitativo y cualitativo en reservas, esteremos en riesgo. La solución está en casa. Explorar, explorar, y seguir explorando, esa debe ser la consigna.

Francisco José Lloreda Mera
​Presidente de la ACP

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