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Fortalecer el DNP: una tarea fundamental

El DNP ha desempeñado un papel fundamental para el desarrollo integral del país, tanto en sus dimensiones económicas, sociales y ambientales.

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septiembre 03 de 2018
2018-09-03 07:39 p.m.
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La tríada que conforman el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el Banco de la República ha sido clave para el buen diseño de la política económica colombiana. Cada una aporta elementos complementarios a este propósito. Lo digo, además, con una fuerte convicción personal, por haber tenido la fortuna de estar al frente de las dos primeras instituciones y haber presidido y ser hoy miembro de la junta directiva del Emisor.

Sin embargo, desde la época de las reformas de mercado ha existido la tentación de debilitar o eliminar el segundo elemento de esta tríada. En México, por ejemplo, la institución de planeación fue eliminada, y en Chile se convirtió en un organismo que se parece más a nuestro Departamento de Prosperidad Social.

Por el contrario, en nuestro caso, el DNP ha continuado desempeñando un papel fundamental para el desarrollo integral del país a largo plazo, tanto en sus dimensiones económicas, sociales y ambientales, como entre el desarrollo nacional y el territorial, esta última una tarea crítica en un país con una fuerte heterogeneidad y grandes desigualdades regionales. Estas funciones se concretan en el presupuesto de inversión que le corresponde coordinar.

Por eso es afortunado que, en contra de la tendencia latinoamericana, la Constitución de 1991 le hubiera dado un fuerte respaldo a la planeación en todos los niveles: nacional, departamental y municipal. Creó el plan plurianual de inversiones, que para lo nacional debe ser aprobado por el Congreso después de un proceso de consultas regionales y con la sociedad civil, representada en este último caso en el Consejo Nacional de Planeación. Ello exige un DNP montado sobre cuatro pilares básicos, y uno adicional que es necesario definir con claridad.

El primero es, por supuesto, el plan de desarrollo, que determina los objetivos de política económica, social y ambiental de un gobierno y los instrumentos de política pública con los cuales busca alcanzarlos. Estas metas se plasman en el plan de inversiones.

El segundo es el Conpes, que es, de hecho, el consejo de ministros para temas económicos, sociales y ambientales. Allí se detallan los distintos componentes del plan y proyectos más específicos, como esfuerzo conjunto entre el DNP y los ministerios relevantes. El Conpes debe servir, además, como instrumento de evaluación de los avances en la ejecución de dichas políticas y del plan de desarrollo en general. Es, en otras palabras, el organismo colegiado central para formular y evaluar las políticas públicas.

El carácter del DNP como secretaría del Conpes y el hecho de que esté encabezado por el Presidente de la República revela otro hecho que a veces se ignora: que el DNP es un órgano de la Presidencia. Una de las implicaciones de ello es que, en lugar de crear más secretarías en la Presidencia con diversos propósitos, lo lógico sería utilizar más activamente el instrumento intersectorial con que cuenta la propia Presidencia, es decir, el DNP.

El tercer pilar es el manejo de la inversión pública. Este es consistente con el hecho de que el corazón del plan de desarrollo es el programa plurianual de inversiones. Por eso, me parece enteramente inconveniente para la institucionalidad del país que se le llegue a quitar el manejo de la inversión al DNP para trasladársela al MHCP, en aras de unificar el manejo del presupuesto nacional, como lo recomendó recientemente la Comisión de Gasto Público. De hecho, el tamaño del presupuesto de inversión es siempre el resultado de una negociación entre el MHCP y el DNP, lo que garantiza la consistencia del presupuesto.

Por lo demás, la capacidad del DNP para monitorear las políticas públicas no la tiene la dirección de presupuesto del MHCP. Por ese motivo, si se desea fortalecer el análisis integral del presupuesto en sus dimensiones de funcionamiento e inversión, esa tarea debería corresponder al DNP más que al MHCP.

Eso me lleva al cuarto pilar: la fortaleza técnica. El DNP es, en un sentido muy profundo, el ‘centro de pensamiento’ del Gobierno en materia de desarrollo. Ello exige el máximo rigor técnico de su equipo. Esta es, por lo demás, una necesidad que no siempre se ha cumplido en la práctica, ya que se han vivido periodos de claro debilitamiento en este aspecto. Esta debe ser, por tanto, una obsesión de todos los gobiernos.

El quinto pilar es la función del DNP en el proceso de descentralización. Ha desempeñado un papel esencial en el diseño y manejo del sistema generalizado de participaciones y en años más recientes del sistema de regalías. Debe cumplir, además, un papel esencial en la coordinación de las inversiones del Gobierno Nacional en el ámbito territorial y puede ejercer una función creciente de apoyo técnico a las regiones en sus planes de desarrollo.

Sin embargo, es debatible su participación en el detalle del uso de los recursos correspondientes, que hoy se hace por medio de los órganos colegiados de administración y decisión (Ocad), ya que acerca demasiado a los funcionarios del DNP a un papel de ejecutores y los distrae de su función básica de diseñar y evaluar las políticas públicas.

Debo señalar, finalmente, que es esencial rescatar al Fonade como uno de los instrumentos básicos del DNP, como el fondo que apoya el diseño de proyectos públicos de alta calidad. La corrupción de esta entidad fue deplorable. Es necesario, por tanto, convertirlo de nuevo en una excelente institución de política pública.

José Antonio Ocampo
Codirector del Banco de la República

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