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El placer de los hallazgos

La vida se compone de encuentros fortuitos. Eventos inesperados que nos sacan una sonrisa.

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enero 25 de 2018
2018-01-25 08:40 p.m.
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Carolina Cárdenas fue un descubrimiento. Me habló de ella una amiga, por un librito que había llegado a sus manos en una pequeña feria antes de Navidad y le sirvió de entretenimiento en vacaciones.

Acepto mi ignorancia. La misma que me hace disfrutar el haber descubierto semejante personaje. Y ahora me divierto leyendo la historia novelada de su vida, escrita por Andrés Arias, Tú, que deliras; mirando con atención sus fotos, encontrando las referencias relativamente recientes en revistas literarias como El Malpensante o Arcadia, buscando más pistas acerca de su personalidad y el entorno.

Carolina fue una artista bogotana de comienzos del siglo XX que murió a los 33 años y que formó parte de la generación que introdujo al arte abstracto a Colombia. Vivió en aquella época del tranvía, el cine, los primeros automóviles, la llegada de la iluminación pública eléctrica, los teatros y los cafés del centro. Por su estilo artístico, se la conoció como Miss Decó. No en vano, a alguien le ponen un sobrenombre así. Hay un par de retratos memorables pintados por Francisco Antonio Cano, que se encuentran en el Museo Nacional, que dicen mucho de su talante; fue portada de la revista Cromos, como la mujer mejor vestida del país. Y, para rematar en curiosidades, su cuerpo reposa en el Cementerio Central de Bogotá en el mausoleo de su exesposo Jaime Jaramillo Arango, junto a él y su segunda esposa.

La notoriedad de Cárdenas tiene que ver con su obra, pero también con su personalidad. Para algunos, su mayor mérito consiste en el aporte a la emancipación artística de las distinguidas damas de sociedad de la época, que supieron alejarse del estereotipo del arte femenino dedicado a pintar flores y naturalezas muertas, por allá en 1900.

Y, hace poco, leyendo un libro de Juan Bautista Alberdi, pensador y político argentino, El espíritu de la música y otros ensayos, me topé por casualidad con que Juan Jacobo Rousseau escribió una ópera. Yo sabía que Rousseau era un filósofo importante del siglo XVIII, muy influyente en la teoría política occidental y en temas educativos, en virtud de sus obras más conocidas. Lo que me sorprendió fue encontrar que había compuesto una obra musical de tal envergadura, en un acto, y que se había estrenado en el castillo de Fontainebleau, en presencia del rey Luis XV, el 18 de octubre de 1752.

¡Tremendos hallazgos! Al menos para mí. De esos que dan fe de la ignorancia y reaniman la curiosidad. La vida se compone de esos encuentros fortuitos. La mayoría de las veces, pequeños, insignificantes. Y no por tratarse de personajes, o de libros, sino de circunstancias y perfiles vitales. Eventos inesperados que nos sacan una sonrisa o nos hacen levantar las cejas. Por eso quiero alimentar el olfato de sabueso, para ir detrás de lo que me pueda sorprender y alimente las ganas de seguir rastreando, de seguir aprendiendo, de seguir buscando lo insospechado.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia

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