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La magia del baile

Ejercitarse con música o bailar previene la depresión, mejora el ritmo cardiovascular, fortalece huesos y articulaciones, entre otros.

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mayo 31 de 2018
2018-05-31 08:46 p.m.
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Los caleños bailan mejor salsa que los costeños. Así lo dice, sin titubeos, una barranquillera que recorre los mejores bailaderos de la capital del Valle. En esos lugares se vive un ritual que se acomete con respeto, hombres y mujeres se inspiran y transpiran, el deleite no es la conquista, sino el paso fino entre dos cuerpos. Según ella, los caleños son más elegantes en sus movimientos, sin siquiera sacudir los hombros o la parte superior del cuerpo. La gente de la costa, dice, es más generosa en la expresión corporal.

En esa deliciosa polémica no me meto porque soy cachaco y bailarín mediocre. Y de eso me arrepiento. Pero, por fuera de tal discusión, me alucina el gozo íntimo de quien flota con sus pasos al ritmo de la música. Como lo hacen aquellos enamorados de la danza. Los que bailan bien, seguro disfrutan más la vida. Los que somos flojos para el baile, tenemos que compensar esa debilidad con otras cosas.

Por coincidencia, me encontré hace pocos días una frase tremenda de Bertrand Russell: “Nunca he escuchado que la guerra emerja de los salones de baile”. Lo que Russell sugiere es que existe una relación entre la energía física que no se canaliza y una mentalidad tensa y agresiva.

Nada nuevo en la segunda década del siglo XXI. Pero lo dijo a principios del siglo pasado este filósofo, matemático y premio nobel de literatura, conocido también por sus trabajos de lógica y su activismo social. Además, contrajo matrimonio cuatro veces y tuvo tres hijos. Algo debía saber, algo podemos aprender.

En una de sus últimas obras, autobiografía, confiesa sus debilidades íntimas. “Tres pasiones simples, pero irresistibles, han dominado mi vida: la necesidad de amar, la sed de conocer, el sentimiento casi intolerable de los sufrimientos del género humano”. Quizás un alma abierta al baile es más sensible a tales debilidades.

Hoy, los expertos hablan de los efectos positivos de ejercitarse con música o bailar: previene la depresión, mejora el ritmo cardiovascular, fortalece huesos y articulaciones, quema calorías, favorece la consistencia de la sangre, promueve el desarrollo cerebral, facilita la interacción social e incrementa la sensación de bienestar.

Según un artículo publicado hace un par de años en la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, en Suecia se estudiaron 112 niñas con problemas de espalda y cuello, así como estrés, depresión y estados de ansiedad. Alrededor de 60 niñas estuvieron asistiendo a lecciones de baile semanales, mientras que las otras no realizaron ninguna actividad similar. Según el estudio, aquellas que asistieron a las clases de baile lograron una mejoría notable en su evolución emocional, superando la depresión y disminuyendo los ataques de ansiedad.

No estoy seguro de la validez concluyente de los argumentos científicos, o poco me inspiran, pero ver a la barranquillera gozando los bailaderos de Cali de esa manera, es una prueba contundente de que bailar mejora el alma y el cuerpo. Y si lo dice Bertrand Russell, debe ser cierto.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia

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