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Los inmortales

Caudalía: se define como la unidad de medida de la duración en la boca de los aromas del vino. 

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septiembre 06 de 2018
2018-09-06 09:46 p.m.
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Yo no sé de vinos, no pretendo saber. Pero los disfruto, y mucho. Hace unas semanas, un amigo generoso y refinado me invitó a una cata junto a algunos conocedores, uno de los cuales, además de tener una cava memorable, es químico, y, por ende, curioso y experto de gran envergadura de los detalles más precisos. En uno de sus comentarios acerca de lo que estábamos probando, habló de una palabra que jamás había escuchado y que no existe en lengua castellana: caudalía.

Se define como la unidad de medida de la duración en la boca de los aromas del vino. Una ‘caudalie’ representa un segundo y, un gran vino, por ejemplo, puede llegar a las ocho caudalías.

Esta palabra hermosa y poética me hizo pensar en que el valor de las cosas y de las personas depende de la duración o la memoria que dejen en los demás. Así como el vino, un buen libro o una obra musical.

Se me ocurrió pensar que, en el caso de las personas, la caudalía es una forma de permanecer en otros, de dejar huella, de anclarse en la memoria y en el corazón de los que nos suceden.

Los humanos, mortales como somos, paradójicamente, tenemos ansias de inmortalidad. Nos resistimos a dejar este mundo y buscamos formas y señales para subsistir en la memoria de los demás. Se construyen monumentos, se escriben biografías, se acometen empresas y se entregan objetos que simbolicen lo que fuimos, lo que ya no somos. En ello, hay quienes lo hacen con la ambición de pasar a la historia, de aparecer en los libros que narran lo que aconteció.

Pero hay otros, los que me interesan en este momento, que lo hacen simplemente por el cariño y el peso específico de su personalidad: se quedan anclados en la mente y en el corazón de los que tuvieron cerca o pasaron a su lado en algún momento.

Mauricio García Villegas es un profesor conocido por sus estudios de sociología del derecho. Pero en uno de los párrafos de su último libro, hablando de su padre, describió de manera expresiva la trascendencia humana como “esa cálida memoria que se queda en las personas que sobreviven a sus seres queridos”. A esa inmortalidad es a la que me refiero.

Como aquella que dejan los abuelos en sus nietos. Como aquella que perciben con fuerza penetrante mis hijos de Lulú. Una mujer religiosa y espiritual, para quien la fe era un regalo. Y, sin embargo, la huella que dejó en sus nietos no pasa por lo que ellos creen, sino especialmente por el recuerdo que grabó en cada uno, por una caudalía ancha y profunda, por el peso específico de su amor.

Esa es la herencia poderosa que legó a hijos y nietos, para vivir más allá del hoy y el ahora; la verdadera inmortalidad, la única existencia que consigue superar la muerte. Esa es la trascendencia que me interesa, la que quiero dejar a los míos.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia
jaimebermu@gmail.com

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