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‘Esperando a Godot’

Samuel Becket, premio nobel de literatura en 1969 y el discípulo más destacado de James Joyce.

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diciembre 19 de 2017
2017-12-19 08:18 p.m.
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Samuel Becket, premio nobel de literatura en 1969 y el discípulo más destacado de James Joyce, ilustró magistralmente el drama de la humanidad, al estar a la expectativa de hechos inciertos; esto lo hizo de manera prolija en su más conocida obra, Esperando a Godot.

Colombia ha estado esperando el rebote de los precios del petróleo casi con la misma inacción que Vladimir y Estragón esperaban a Godot en la obra de Becket. Después de casi cuatro años escuchando que la desaceleración económica del país fue causada por la caída de los precios del petróleo, queda la sensación de que un superciclo de materias primas es la única posibilidad para que la economía colombiana crezca a tasas cercanas al 4,5 por ciento. Crecimiento que es condición necesaria para disminuir la pobreza, aumentar la clase media y cerrar las brechas sociales del país.

Sin embargo, parece que Godot se está acercando a la economía colombiana. Desde septiembre de este año se han visto niveles máximos de los precios del petróleo Brent y WTI; en particular, el precio del Brent ha podido mantenerse por encima de 60 dólares el barril en las últimas semanas. Esto se ha sostenido en los últimos días, principalmente por el acuerdo logrado el pasado 30 de noviembre entre los países de la Opep, el cual se mantendrá hasta el primer semestre del 2018. Adicionalmente, venían gestándose otros factores determinantes, como The Economist lo había señalado: las tensiones entre Turquía y los kurdos, luego de que la región votara con una abrumadora mayoría por independizarse de Irak; el incremento de la demanda mundial por el crudo, e incluso la evidente disminución en la producción de Venezuela han hecho proclive una nueva tendencia del precio.

Sin duda, esas son buenas noticias para la economía de Colombia. En últimas, estamos hablando de un incremento de los precios de un bien que en la historia reciente de nuestro país significó el mayor generador de divisas, un proveedor indispensable de ingresos fiscales y el origen de inversión extranjera. No obstante, no es una situación de aplaudir, es indeseable que nuestra historia económica siga dependiendo de hechos tan fortuitos como el precio de un bien.

La caída de precios del petróleo en el 2014 tuvo consecuencias serias, la más latente fue la reforma tributaria aprobada en el 2016. Si bien esta era necesaria por la coyuntura de ese momento, especialmente por la mirada de las calificadoras de riesgo, no se puede negar que se perdió la oportunidad de hacer una reforma tributaria estructural como la que el país necesita. En esta línea, Fedesarrollo ha apuntado la insuficiencia de esa reforma para cubrir las necesidades de corto plazo y que otra reforma fiscal será inaplazable en el próximo gobierno.

Seguiremos deseando incrementos en los precios del petróleo, como en otros años el país lo esperaba del café; incluso, lo haremos con la misma fe con que los personajes de Becket esperaban a Godot. Sería absurdo negar que es una buena noticia; sin embargo, no podemos volver a vivir un ciclo de precios altos –de ese u otro bien– y que Colombia no implemente estrategias que nos lleven a un futuro diferente, que no sea el de únicamente esperar.

Luis Alberto Rodríguez
​Máster, Columbia University

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