1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Otros Columnistas
análisis

Odios, sociedad y economía

Es hora de contribuir en la construcción de una hoja de ruta que nos lleve cerrar las venas abiertas de la confrontación. 

Otros Columnistas
POR:
Otros Columnistas
diciembre 10 de 2019
2019-12-10 09:36 p.m.
https://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

En los últimos años, el ambiente político en el país se ha ido polarizando cada vez más, en gran parte, como resultado de la profundidad de los ataques personales de la alta dirigencia política, en sus distintas expresiones, más que por la discusión sobre la visión del Estado.

Es preocupante ver cómo se insultan y gritan por cosas del pasado en lugar de aprovechar su inteligencia para el análisis sereno y profundo de las distintas iniciativas nacionales que beneficien a toda su población por encima de los asuntos personales.

Esta situación que se ha vuelto el pan de cada día, las voces altisonantes que crean confrontación y agresividad tienen efecto viral en la sociedad y han ido creando un ambiente social enrarecido, un delicado estado de tensión y de división social. Esto es como en un hogar, si los padres se irrespetan delante de los hijos se pierde la autoridad moral para exigirles buen comportamiento.

Si queremos una sociedad donde se pueda construir desde las ideas, es plausible que los líderes políticos de todas las vertientes ideológicas nacionales realicen un examen autocrítico de cómo vienen interviniendo en los distintos debates, comprometiéndose a modificar todo aquello que va más allá de la sana discusión de propuestas porque si se sigue como viene sucediendo actualmente esto se está convirtiendo en una bola de nieve con impacto negativo en los distintos sectores sociales que luego será difícil detener.

Es posible centrar los debates nacionales con argumentos técnicos de conveniencia política, social y económica sin necesidad de bajar las discusiones a los asuntos personales, sin necesidad de sacar la artillería de ofensas para quienes no comparten determinada iniciativa.

Hacer esto es alejar la posibilidad de alcanzar un consenso, es romper los puentes que se podrían tender para lograr acuerdos sobre lo fundamental como bien lo planteaba Álvaro Gómez Hurtado.

Quien eventualmente pudiera apoyar una iniciativa, sin antes ha recibido garrote verbal o recriminaciones personales, así comparta los planteamientos sobre un determinado tema, por puro sentido humano la rechazará.

Necesitamos que nuestros dirigentes políticos hagan una terapia de convivencia pacífica y de respeto a las diferencias antes que este comportamiento se vuelva un bumerang social que sea luego seda muy complejo controlar.

Este alto grado de tensión política va generando pesimismo en la sociedad con sus claros efectos sobre las decisiones de inversión de los empresarios nacionales y extranjeros.

Este estado de ánimo traspasa sin filtro a los distintos sectores de la sociedad que se van permeando también de los odios, se van contagiando de pesimismo, de un estado de negatividad sobre el futuro del país y sus dirigentes.

Los indicadores sobre la percepción de los dirigentes, sobre la situación actual y venidera está cada vez más a la baja; así mismo, mediciones sobre expectativas del consumidor y perspectivas la inversión están afectadas por un ambiente cada vez más tenso que nubla la visión sobre las acciones positivas y de los esfuerzos de acertar en la construcción de un mejor país.

En los momentos que vive actualmente Colombia se hace necesario repensar la manera como se están comunicando los distintos líderes políticos para que podamos avanzar serenamente en la implementación de los cambios estructurales que requiere el país para aprovechar todo el potencial que tenemos para dar el salto hacia una sociedad más desarrollada y con menor grado de desigualdad social.

La suma de los aportes siempre es superior que las ofensas personales que dividen y restan en un proceso de construcción. Se requiere actuar con responsabilidad y grandeza para enviar un mensaje contundente a los grupos sociales que es posible construir en la diferencia.

Lo anterior sugiere que en el debate haya supremacía del análisis objetivo de las propuestas, provengan de donde provengan, antes que continuar en los estrados públicos generando ataques personales de alto calibre que solo contribuyen a crear desconfianza y zozobra sobre el devenir del país.

Si queremos que se abran espacios para la convivencia pacífica en los distintos sectores de la población colombiana obliga a los dirigentes políticos a crear, en las diferentes instancias de participación, un clima de paz donde florezcan las ideas de interés colectivo, el respeto a la diferencia, la honestidad y la transparencia como principios vitales de una sociedad civilizada.

Es hora de contribuir en la construcción de una hoja de ruta que nos lleve cerrar las venas abiertas de los odios antes que la bruma sea muy espesa que nos quite la posibilidad de seguir caminando por senderos de progreso y estabilidad social.

Que los momentos de efervescencia y calor de la clase dirigente sean para aportar en la construcción de un mejor país desde las distintas orillas ideológicas. La situación social que atravesamos hoy exige grandeza para salir airosos. Ese es el reto.

Jesús Antonio Vargas O.
​Consultor Empresarial
jesusvargas.orozco@gmail.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes