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opinión

¿Qué somos capaces de dar las empresas a nuestros empleados?

La felicidad de los colaboradores es clave para la sostenibilidad.

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noviembre 01 de 2019
2019-11-01 08:01 p.m.
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Hace poco una persona me contó que el nuevo CEO de la compañía para la que trabajaba la había sacado de la quiebra. Lo primero que le pregunté fue ¿cómo lo hizo? La respuesta no me sorprendió: logró que sus empleados fueran felices y se enamoraran de la empresa en la que pasaban sus días.

De ese nivel es el impacto que puede tener en una empresa la felicidad de sus colaboradores: de sacar una compañía de la quiebra y llevarla a tener éxito. Es el ingrediente más preciso para lograr aumentar la productividad y el rendimiento de una compañía, garantizar su sostenibilidad en un momento de vertiginosos cambios y potenciar su cultura de innovación.

Siempre se ha dicho que el recurso humano es lo más importante de una empresa en cualquier sector de la economía. Sin embargo, se pensaba en lo que es capaz de dar el empleado y no lo que las empresas somos capaces de darle y eso es: la posibilidad de ser felices, de sentirse plenos, de conectarse con su propósito personal y de pertenecer a una organización que los respeta, los cuida, reconoce el valor que aportan y los impulsa a ser su mejor versión.

Según estudios de Gallup, sólo 15% de las personas son felices en el lugar de trabajo, lo que hace que el nivel de compromiso y motivación sean bajos, teniendo así una baja productividad. También señalaron que la felicidad en el trabajo elimina la rotación laboral hasta en 51%, y aumenta la retención de talento 44%. Para esto nos hemos puesto a la tarea de desarrollar un plan que realmente logre conectar a nuestros empleados con la empresa y darles herramientas para que encuentren su felicidad, que depende menos del entorno y más del ser.

Justamente, aprovechando que hoy es un tema relevante, me he puesto a la tarea de leer mucho para entender cómo se puede impulsar la felicidad en el espacio laboral. Encontré que nos pasamos la vida buscando momentos extraordinarios para ser felices, y realmente la felicidad viene de momentos ordinarios. Es decir, en nuestro día a día. Por eso las empresas tenemos tanto que proporcionar en este aspecto. Debemos permitir que las personas encuentren tranquilidad, vínculos y motivos en su trabajo para que realmente puedan explorar su propia felicidad y, de ese modo, aportar a construir empresa.

La compañía que presido ha dedicado tiempo y esfuerzo para comprender cómo mejorar la calidad de vida de cada uno de sus empleados. Y esa ha sido nuestra fuerza más grande para transformarnos y poder atender las necesidades del mundo de hoy y prepararnos para enfrentar las del mañana. Ese cambio de visión y ese compromiso por hacer a nuestros empleados seres felices en su trabajo nos ha llevado a replantearnos como compañía y hoy vemos los frutos de haberlo logrado.

Tenemos empleados a quienes llevamos a pensar en su propósito de vida y alinearlo con el de la empresa. Empleados que llenan su corazón y el de sus familias, haciendo voluntariados y viendo el impacto que generan en las comunidades en las que intervienen. Líderes que crean equipos con perfiles diversos y condiciones de vida distintas para poder ofrecer a nuestros clientes las mejores soluciones.

Colaboradores que nos empujan cada vez más fuerte para proteger el medio ambiente, planear negocios bajo el concepto de la economía circular e inventar productos sostenibles. Y empleados que pueden expresar quienes son en su trabajo, con sus creencias, gustos y condiciones, aceptándose y aceptando a sus compañeros tal como son.

Precisamente, todos esos elementos, que finalmente componen la reputación de una compañía, ayudan a que los empleados se sientan felices y orgullosos de donde trabajan.

Con nuestra presencia en el mundo digital y con el acceso a tanta información, es muy difícil separar nuestra vida personal de nuestra vida profesional. Vivimos una sola vida y el trabajo es parte esencial de esa consolidación de un ser pleno, sano y seguro de sí mismo, que sienta la confianza de mostrarse tal cual es.

Recientemente, en un evento interno en donde buscábamos hablar de estos temas con toda la fuerza laboral, expresé que una de las cosas que más impulsa esta felicidad colectiva es la democracia dentro de las compañías. La posibilidad de que las cosas no solo se creen o se propongan de arriba para abajo, sino que realmente sea una proposición de las diferentes personas que trabajan, sin importar su cargo.

Ese elemento empodera a todas las personas que componen un organigrama y construye un momento puramente ordinario: el valor de lo que producimos y la sensación de plenitud cuando participamos.

No se trata de buscar que la gente sea feliz, forzando y pretendiendo reemplazar con el trabajo otros aspectos de la vida. Se trata de apreciar a las personas y darles instrumentos y escenarios para que puedan explorar su ser.

De este modo, el capítulo de la felicidad en las empresas es parte esencial de nuestro aporte para construir mejores sociedades. Porque tenemos que ser capaces de contribuir a la formación de personas buenas, completas y equilibradas. Finalmente, eso es lo que forma nuestro mundo y es lo que todos necesitamos para vivir más felices y en paz.

Charly Eid Nader
Presidente de DOW para la región Andina, Centroamérica y Caribe.

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