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Regionalización de la educación

En el contexto colombiano el rol de la academia es fundamental para repensar los grandes problemas y retos del país.

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febrero 25 de 2020
2020-02-25 09:47 p.m.
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De acuerdo con cifras del Ministerio de Educación, en 2018 en departamentos como Vichada, Vaupés, Guainía y Amazonas, se matricularon menos de mil estudiantes a Instituciones de Educación Superior, tanto oficiales como públicas, y a programas de pregrado y posgrado.

Este dato es, por supuesto, un contraste enorme con los 792,583 estudiantes que se matricularon en Bogotá, los 334,374 que lo hicieron en Antioquia, e incluso con los 30.669 de otros departamentos de la región como el Meta o los 11.719 en Caquetá. Pese a la implementación de diferentes programas que han abierto las puertas para que jóvenes de todo el país reciban una educación de calidad, el acceso a esta en departamentos de la periferia, incluidos los ya mencionados en el Oriente del país, pero también en la costa Pacífica y Caribe, sigue siendo muy escaso. ¿Cómo responder a esta situación?

El acceso a la educación superior se puede entender como el ingreso de estudiantes a las carreras que una institución ofrece, pero en un sentido más amplio, se debe entender como la presencia y las acciones de una universidad en las regiones del país. Es decir, la manera en cómo las instituciones educativas responden a su función de extensión, la que acompaña las otras dos que son docencia e investigación.

En el contexto colombiano el rol de la academia es fundamental para repensar los grandes problemas y retos del país. Ya lo dijo Alejandro Gaviria en su discurso de posesión como rector de la Universidad de Los Andes: tenemos la misión de resignificarnos como un espacio más inclusivo, que promueva la diversidad y la pluralidad. Una de las maneras para hacer esto es entendiendo el objetivo de hacer extensión desde un significado más amplio.

Es decir, llegando a las regiones con la intención de conocer, entender y aprender de las comunidades; de quienes conocen su entorno y han vivido sus necesidades, para así crear estrategias conjuntas que presenten soluciones a problemas sociales, educativos y culturales que promuevan la integración y participación de las regiones y de todas las comunidades.

En el Centro de Estudios de la Orinoquia hemos procurado realizar este trabajo con el mayor rigor y dedicación. Esto se ha traducido en la ejecución de una docena de proyectos en investigación y consultoría en ocho departamentos de la región, diferentes cursos de formación en las áreas de agronegocios, agricultura, salud y educación, y el involucramiento de estudiantes en proyectos editoriales e investigativos. Y por eso, nuestro llamado es a replicar esto mismo en las demás regiones del país, de manera que sus potenciales, el conocimiento y las herramientas que la academia puede brindar se queden en los territorios.

Hacer parte de la conversación global, implica primero conversar en el nivel regional y nacional, donde el trabajo de docencia e investigación transmute también en la difusión de manifestaciones artísticas, conocimiento científico, servicio a la comunidad, capacitaciones, centros asistenciales y de investigación, y un acceso más democrático a la educación superior.

Carlos Montenegro
Director Centro de Estudios de la Orinoquia U. de los Andes


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