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Biocombustibles, una apuesta que no da espera

Colombia tiene elementos clave para ser un importante productor de etanol: tierras disponibles, mano de obra  y oportunidad de negocio.

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junio 18 de 2019
2019-06-18 09:20 p.m.
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Las frecuentes contingencias ambientales por altas concentraciones de material particulado que se presentan ratifican la necesidad de implementar políticas medioambientales enfocadas al mejoramiento de la calidad del aire que respiramos y en esa dirección, el uso de combustibles verdes representa una de las opciones más eficientes generando además oportunidades económicas y sociales.

Colombia ha avanzado en esta materia; con una experiencia cercana a los 15 años, tiene un gran potencial de crecimiento y proyección. En el contexto global, Brasil, segundo mayor productor de biocombustibles del mundo, ha demostrado que sí es posible apostarle al sector en la región, impulsado por los 30 billones de litros de etanol que produce al año, se consolidará como actor relevante, junto a países como India y China, gracias a la implementación de regulaciones locales para el incremento de la mezcla.

Pero ¿qué hizo Brasil para posicionarse como referente en biocombustibles? Hace 50 años planteó reducir la dependencia de importación de crudo y combustibles fósiles a raíz del primer choque de precios de petróleo en la década de los 70. En este camino encontró ventajas competitivas como disponibilidad de tierras cultivables, mano de obra y demanda/oportunidad de negocio, que impulsaron el espíritu emprendedor del empresariado local, haciendo que el propósito inicial se convirtiera en algo más ambicioso: independencia y cambio de la matriz energética para ser preponderantemente renovable. Casi el 45 por ciento de toda la energía consumida en Brasil, incluyendo transporte, es renovable. Aproximadamente, el 85 por ciento de la generación de energía eléctrica es de fuentes renovables, de los cuales 12,5 por ciento es proveniente de biomasa.

Brasil ratifica que el impulso a la generación de energías limpias debe ser una decisión de Estado de largo plazo, que transcienda gobiernos, impulse el desarrollo agrícola con impactos económicos y sociales, conserve la vocación agrícola, disminuya la migración hacia las grandes ciudades, promoviendo una verdadera paz social. Es un impulso que necesita importantes inversiones y estímulos para incrementar la escala de producción y alcanzar eficiencias. Es justamente en este periodo de crecimiento y consolidación de la industria donde se necesita un apoyo gubernamental que promueva el ambiente de negocios, posibilite la atracción y consolidación de inversiones.

Colombia tiene elementos clave para ser un importante productor de etanol: tierras disponibles, mano de obra y oportunidad de negocio, pero necesita tener una política de incremento de mezcla a largo plazo, que brinde soporte a las decisiones de inversión, así como avances en infraestructura para hacer más competitivo al país, incluso llevarlo a exportar. También es clave lograr una regulación en las importaciones de etanol.

El crecimiento económico de Colombia estimado entre 2 y 4 por ciento para los próximos años, demandará abastecimiento sostenible de energías y el etanol es fundamental para reducir la importación de combustibles fósiles, reduciendo la emisión de gases efecto invernadero, en línea con los compromisos internacionales adquiridos.

Colombia cuenta con seis plantas productoras de bioetanol en el Valle del Cauca y una en el Meta, que han traído desarrollo a lo largo de la cadena de la agroindustria de la caña. Según Asocaña, el sector pesa 3,7 por ciento del PIB agrícola, 2,8 por ciento en el PIB industrial y 0,7 por ciento en el PIB total del país, generando 286.000 empleos, 85 por ciento en zonas rurales.

Walfredo Linhares
Presidente de Bioenergy

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