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Ricardo Ávila
Brújula

Al fin ¿cuánto debemos?

El monto de las obligaciones del Gobierno Nacional pasó del equivalente del 31% del Producto Interno Bruto al 43%, entre el 2012 y el 2017. 

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 28 de 2018
2018-08-28 09:09 p.m.
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La semana pasada, durante la Convención Bancaria, el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, no solo planteó que la deuda pública de Colombia viene teniendo un importante aumento, sino que el panorama puede ser todavía peor. Dicha advertencia provocó ceños fruncidos entre los analistas, pues ocasionaría consecuencias indeseadas.

Según las cifras oficiales, el monto de las obligaciones del Gobierno Nacional pasó del equivalente del 31 por ciento del Producto Interno Bruto al 43 por ciento, entre el 2012 y el 2017. Parte de ese salto es atribuible a la devaluación del peso, que encareció las acreencias en dólares y otras divisas, y en alguna medida a la necesidad de emitir más bonos.

No obstante, el funcionario volvió a señalar ayer en el Congreso que en las cuentas se están omitiendo otros compromisos. En ese grupo estarían las vigencias futuras, las sentencias judiciales ya ejecutadas y las cuentas por pagar al sistema de salud, aparte de otras obligaciones emitidas. Si a lo anterior se suma el pasivo pensional, los indicadores dispararían todas las alarmas.

En respuesta, hay técnicos que señalan que no todo entra en el mismo saco. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional acepta que los pagos atados al desarrollo de la infraestructura no se consideren deuda pública. De la misma manera, las futuras mesadas de los jubilados tampoco se incluyen.

Sin entrar en el debate técnico sobre lo que constituye una acreencia o no, el punto de fondo es que la situación de las finanzas estatales es mucho más compleja de lo que parece. El tener tantas cuentas por pagar le quita flexibilidad al presupuesto nacional y reduce el margen de maniobra de manera radical.

Así lo está comprobando la administración Duque, que no solo encontró importantes programas desfinanciados, sino unas partidas de inversión comprometidas que hacen imposible cumplir las promesas de campaña. Cambiar esa camisa de fuerza pasa por sincerar las cifras y buscar soluciones sostenibles.

ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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