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Ricardo Ávila
brújula

Bolsillo lleno, corazón contento

Puede ser que el mundo se debata entre la euforia y la ansiedad por cuenta de las señales mezcladas que provienen de la economía y la política.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 26 de 2018
2018-03-26 08:38 p.m.
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Puede ser que el mundo se debata entre la euforia y la ansiedad por cuenta de las señales mezcladas que provienen de la economía y la política. Pero en lo que atañe a dinero contante y sonante, hay mediciones que confirman que los buenos tiempos han regresado para un grupo privilegiado: los banqueros y empleados de las casas de bolsa que operan en Wall Street, la meca del capitalismo.

Según se conoció ayer, el tamaño del bono que recibieron los empleados de este sector en el estado de Nueva York, subió 17 por ciento el año pasado. Así, el cheque promedio ascendió a 184.220 dólares, una suma que en más de un caso supera la compensación salarial de analistas y comisionistas.

Y en el agregado, el monto es todavía más impresionante: unos 31.400 millones de dólares en el 2017, de acuerdo con el diario Financial Times. La suma dista un poco de los 33.000 millones registrados en el 2006, pero sirve para dejar en claro que la época de las ‘vacas flacas’ que comenzó con la crisis financiera internacional del 2008, quedó atrás.

Las razones del aumento en las recompensas son varias. Para comenzar está el aumento en las emisiones de deuda privada de más alto riesgo. A pesar de las advertencias de los que piden cautela, sigue habiendo tanto dinero disponible que la demanda de estos papeles no disminuye. Al mismo tiempo, las fusiones y adquisiciones de compañías de todos los tamaños otra vez se incrementaron, lo que les deja valiosas comisiones a las casas especializadas en esta materia.

Si bien al mercado accionario no le ha ido mal, esta fuente de ingresos viene en descenso debido a la competencia y la irrupción de la tecnología. El corredor de antes es más un asesor financiero que debe rebuscarse su sustento de otra manera y que, según las cifras, ha hecho la transición con éxito.

Los riesgos, claro está, siguen a la orden del día y los recuerdos de la debacle reciente están presentes. Pero aun así, el tono es de celebración. Bolsillo lleno, corazón contento.

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