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Ricardo Ávila
brújula

Ver para creer

A pesar de los apretones de manos y la firma de una declaración conjunta por parte de Trump y Kim Jong Un, la reacción de los mercados fue parca.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 12 de 2018
2018-06-12 09:14 p.m.
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Aquella conocida publicidad según la cual en la vida hay ciertas cosas que no tienen precio bien podría servir para interpretar los resultados de la cumbre que sostuvieron ayer en Singapur los mandatarios de Estados Unidos y Corea del Norte. Y es que a pesar de los apretones de manos y la firma de una declaración conjunta por parte de Donald Trump y Kim Jong Un, la reacción de los mercados fue notoriamente parca.

Así lo demuestra el comportamiento de las bolsas de valores en las principales capitales del mundo. La perspectiva de un desmonte del arsenal nuclear en manos de Pyongyang pudo haber generado aplausos, pero no movió los índices accionarios.

De hecho, la mayor preocupación de los inversionistas acabó siendo el comportamiento de la inflación estadounidense, cuya velocidad sigue en aumento. Como consecuencia, parece seguro que en su próxima sesión el Banco de la Reserva Federal les dé otra vuelta de tuerca a las tasas de interés que maneja, algo que sirve para fortalecer el dólar frente a buena parte de las monedas del planeta.

Para los analistas, el motivo de la relativa indiferencia a la cordialidad vista en Singapur tiene que ver con la falta de detalles con respecto al desarme norcoreano. Hasta el momento, la única promesa concreta vino del inquilino de la Casa Blanca, quien señaló que los ejercicios militares que lleva haciendo con Seúl desde hace años quedarían suspendidos hasta nueva orden. Solamente si se concretan los pasos que confirmen una distensión en esa zona de Asia podría darse una reacción positiva ante la impresión de que la seguridad en el área mejoraría sustancialmente.

De tal manera, el argumento no es que el capital sea indiferente hacia la promesa de la paz, sino que aplica el refrán según el cual “ver para creer”. Dado que en el pasado Corea del Norte ha incumplido otras promesas orientadas a calmar a sus vecinos, suena razonable que más allá de las fotos y las sonrisas, lo pactado se vuelva una verdad verificable.

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