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Ricardo Ávila
Editorial

Hipersensibilidad global

"Los mercados en el mundo se muestran muy nerviosos por el deterioro del clima político, como lo muestra la reacción a la situación de Argentina.”

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 12 de 2019
2019-08-12 11:02 p.m.
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No es la primera vez que Argentina es identificada como el epicentro de un gran remezón que sacude a los mercados mundiales. A lo largo de las dos últimas décadas la tercera economía más grande de América Latina ha sido causante de episodios de volatilidad importantes, como volvió a ser el caso ayer, cuando un buen número de bolsas de valores a lo largo y ancho del planeta, cerraron con cifras en rojo.

El motivo en la presente oportunidad fue el resultado de las elecciones primarias en esa nación. Aunque los comicios son de orden interno entre los partidos que tienen una cita con las urnas el 27 de octubre próximo, sirven como un indicador para medir la fuerza de cada colectividad. El veredicto mostró que la oposición peronista cuenta con un amplio respaldo entre la ciudadanía, lo cual minimiza las probabilidades de que Mauricio Macri siga en la Casa Rosada.

Retornar a la época de los controles de precios, el no pago de las obligaciones públicas y las políticas de corte populista, aterra a los inversionistas. Tanto, que en la víspera el peso argentino registró una devaluación del 25 por ciento y el índice Merval en Buenos Aires se desplomó. Aunque el Banco Central elevó su tipo de interés hasta el 74 por ciento anual, es difícil saber si esa medida desesperada es suficiente para contener la avalancha.

Los especialistas explican lo ocurrido como la consecuencia lógica de un programa de ajuste económico que vino acompañado de una serie de penurias. El aumento en el desempleo y los niveles de pobreza es lo que registra la población, sin que la inflación -que supera el 50 por ciento anual- se haya podido controlar. A pesar de la inyección de recursos por cerca de 57.000 millones de dólares a cargo del Fondo Monetario, las inquietudes sobre lo que sigue abundan y, después del domingo, mucho más.

Pero más que centrarse en lo que puede suceder en la Argentina, el episodio demuestra otra vez que hay un clima de nerviosismo generalizado en el ámbito global. La razón es que las señales que provienen de distintas realidades políticas son preocupantes y contribuyen a la volatilidad.

Aparte del empeoramiento en la guerra comercial que sostienen Estados Unidos y China, la cual amenaza con ralentizar los flujos de bienes y desacelerar de manera notable la economía mundial, la situación de Hong Kong es grave. Las protestas que ayer obligaron al cierre de uno de los aeropuertos más congestionados de Asia, elevan la probabilidad de que Pekín decida ponerles freno con la fuerza, con el propósito de imponer su autoridad. Tal escenario abre signos de interrogación sobre el futuro de uno de los centros financieros más dinámicos.

En Europa las cosas no están mucho mejor. El tiempo pasa y todo apunta a que Gran Bretaña se encamina a un rompimiento a las malas con la Unión Europea. Por su parte, Italia tendría elecciones legislativas que sus contradictores tratan de evitar, con el riesgo de que el líder populista Matteo Salvini se imponga y rechace la camisa de fuerza presupuestal que le impone Bruselas.

Ante tanta turbulencia, podría hablarse de una hipersensibilidad para evitar posibles contagios. Tras el tropezón argentino, el real brasileño perdió terreno frente al dólar, al igual que la mayoría de las especies latinoamericanas. En ese sentido, el peso colombiano no fue la excepción, como lo muestra una tasa representativa de 3.436 por cada billete verde, vigente para hoy.

Más de un analista notó, sin embargo, que después de la de Argentina, la depreciación de la moneda nacional acabó siendo la segunda más alta de la región, en términos porcentuales. Dados los desequilibrios en nuestras cuentas externas, es posible que se nos castigue con mayor dureza que a otros. Las autoridades, por lo tanto, deberían elevar su nivel de alerta.

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