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Rodolfo Segovia S.
columnista

Agoreros achantados

Una presidencia de Petro ha adquirido visos de posibilidad. De materializarse, se rompería un modelo económico que acompaña a Colombia desde siempre.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 22 de 2018
2018-05-22 12:25 p.m.
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Los agoreros abundan. Las cábalas, aun más. Al ritmo de las encuestas y el murmullo en las calles se urden escenarios catastróficos. Y, en efecto, una presidencia de Petro ha adquirido visos de posibilidad. De materializarse, sería la ruptura con un modelo económico que, con sus fallas, es inseparable de la libertad, y que acompaña a Colombia desde siempre. Es lo que estaría en juego. Todos los conflictos políticos de la historia nacional, bien sea por las relaciones con la Iglesia, por el librecambio, por la libertad de expresión y de cátedra, por los coqueteos con el fascismo, por los matices socializantes palidecen ante la amenaza de hoy. Y la historia tiende a demostrar que es un desafío sin retorno democrático.

La legitimidad del poder se obtiene en las urnas también desde siempre en Colombia. Aquí se ha votado desde los albores de la república, casi más que en ningún otro país de América. Y los resultados se han reconocido, a veces hasta aceptando el fraude. Sobre ese pedestal se construyeron el estado de derecho y las instituciones democráticas. De un tiempo para acá, sin embargo, malandrines han cooptado la urna, con el propósito entrarle a saco al Estado. La han deslegitimado.

La indignación, tan sentida como irreflexiva, lleva a que las gentes quieran que les devuelvan la pureza de la urna y del manejo de lo público, sin importarles por quien votan, siempre que lo perciban como adalid de la pureza. Petro anda montado en ese pilar como Palemón el Estilita, “que burló con tanto ingenio las astucias del demonio” hasta cuando, “dejando su columna de granito se marchó… en coloquio con la bella cortesana” marxista… “a la vista de la muda, ¡a la vista de absorta caravana!”. El maestro Guillermo Valencia sabía de que hablaba.

Ahora bien, según Savater se nace rodeado de males y se muere rodeado de males. Solo se puede aspirar a que los males del final sean distintos y menores a los males del principio. Y el mal apabulla a la bondad, porque esta es más privada que pública. Ha llegado el momento de llevarla a las redes sociales y a la urna. Y para no abandonar la literatura, Juan Rulfo escuchó decir al pensador: “las personas libres nunca se preguntan esto que se oye siempre ¿qué va a pasar? La personas libres se preguntan ¿qué vamos a hacer? Porque pasará lo que se deje que pase. Nadie vendrá al rescate de ninguna parte”. Basta de andar cuchichiando en círculos como en un Tío Vivo. Hay más bien que dedicarse con tesón a actuar e influir. Lo peor de la queja en camarilla es que suena a silencio.

El desmantelamiento de las instituciones de la democracia liberal está en marcha, siguiendo las directrices del Foro de Sao Paulo: borrar la historia común –una sociedad sin héroes fundacionales es vulnerable– como en el “1984” de Orwell; castrar las Fuerzas Armadas; infiltrar la justicia; y subvertir por las armas cuando haya espacio. Para remontar esa pendiente hay pues que aferrarse a la urna, que es lo único que todavía legitima el poder por estos lares. La alternativa es un abismo, donde habita ese subteniente que los humanos llevan adentro y que cree poder hacer lo que le da la gana sin explicar.

Rodolfo Segovia
Mayo de 2018

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