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Rodolfo Segovia S.
columnista

Jeringonza desmitificada

(Varoufakis) no se queda en la superficie y, siempre en idioma simple, expone entre risas sobre la inflación.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 17 de 2018
2018-05-17 07:58 p.m.
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La economía es una ciencia fácil con lenguaje difícil, y ese lenguaje que agua los ojos es obstáculo para una democracia auténtica. Conseguir que todo el mundo pueda hablar con discernimiento de esta área es prerrequisito de una sociedad sana y una democracia auténtica.

Con el conocimiento extendido viene la facultad fiscalizadora. Facilitarlo es el propósito del libro de Yanis Varoufakis ‘Talking to my daughter about the economy, or how capitalism works -or how it fails’. Un largo título que traduce libremente ‘Charlándole a mi hija sobre economía, o como funciona el capitalismo -y como falla’.

Varoufakis fue ministro de finanzas de Grecia en el 2015 y se enfrentó a la banca multilateral y privada para ablandar el doloroso ajuste griego, consecuencia de recurrentes pecados. No tuvo éxito. Su libro es una carta a su hija de 14 años, llena de anécdotas y de mitos griegos, para explicarle en forma sencilla que la economía es la ciencia de la escasez.

Es notable que cuando inevitablemente recurre al leguaje de la profesión se alarga para esclarecerlo. Le enseña a la niña de dónde salió la economía, cómo funciona y cómo podría frenar los excesos y abusos de mercado.

No se queda en la superficie y, siempre en idioma simple, expone entre risas sobre la inflación, el mercado de capitales, la deuda privada y pública, el desempleo, la formación de los precios, todo en fin, incluido cómo la economía de mercado afecta la psiquis del homo sapiens (y más ahora en la era de los algoritmos).

Le hace ver a su hija que hay bienes experienciales, como una puesta de sol o el comerse unas arepas de huevo con los amigos, a los que no se les asigna precio, y por lo tanto no son.

Solo tiene valor para la economía lo que se compra y se vende. De donde se desprende que dejársela a economistas y financistas, a los que sin pensarlo se abandona corrientemente el asunto, como únicos intérpretes de las señales celestiales, es como encomendarle al faraón la estabilidad de la bóveda celeste mientras corre semidesnudo alrededor del cerramiento de pirámides, o es como recurrir a la Inquisición de don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697.

Varoufakis le hace eco al larvado enfado de tantos insatisfechos alrededor del mundo al decir que las sociedades sujetas al mercado fabrican máquinas fantásticas y crean riquezas sin cuenta, como también pobreza asombrosa y deudas impagables, mientras al mismo tiempo fabrican los comportamientos y deseos indispensables para su propia perpetuación y la perpetuación del status quo.

Las conclusiones superan las dimensiones de la cariñosa misiva a la niña, sin que se distraiga en abogar por el socialismo –credo que es el suyo– o en clamar por la destrucción del capitalismo.

Observa sí que “todos los sistemas de dominación actúan envolviéndonos en su narrativa y sus supersticiones de manera que nos impidan ver mas allá de ellos”.

Aboga porque todos conozcamos bien el lenguaje del escamoteo para crear una sociedad de mercado más humana y mas equitativa gracias a que los que la viven saben entender de que les hablan. El griego de donde inventaron la retórica lanza un manifiesto contra la jeringonza.

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