Economía

Continúa en aumento el peso y volumen de deuda externa

En términos del porcentaje que representa la deuda respecto al total de producción, este indicador pasó de 36 a 42 por ciento.

Deuda externa colombiana llegó a US$67.856 millones a marzo

Los problemas de la deuda externa gravitan muchas veces en la creación de fuertes nexos de vulnerabilidad para las economías.

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marzo 01 de 2019 - 04:19 p.m.
2019-03-01

Los datos son oficiales y permiten apreciar que tanto los montos de deuda externa de Colombia, como el peso que tienen estos compromisos financieros, en función del producto interno bruto, se van haciendo crecientes. Efectivamente, en 2000 ese monto de obligaciones externas era de 36,000 millones de dólares y para 2018 llegó a la cifra de 127,000 millones –tanto deuda pública como privada. En términos del porcentaje que representa la deuda respecto al total de producción, este indicador pasó de 36 a 42 por ciento.

Dada la dinámica de la deuda externa de Colombia, es posible evidenciar que la misma cobró notable influencia a partir de 2003 con el primer período presidencial de Álvaro Uribe y que los montos de la misma no variaron en su trayectoria durante los siguientes 12 años, teniendo cobertura del segundo período presidencial de Uribe, así como los dos mandatos de Juan Manuel Santos.

(Lea: La deuda externa colombiana llegó a US$127.759 millones

La tendencia, ya con el gobierno de Duque, es que la deuda continúe creciendo. Esto se basaría, entre otras consideraciones, en el denominado faltante que el gobierno ha indicado desde octubre de 2018. En las cuentas del presupuesto nacional en un inicio se habló de 24 billones de peso. Se trata de un notable monto en rojo en esa cuenta nacional. No obstante, luego se indicó que el vacío era de 18, luego que de 14 billones de pesos, para terminar aprobándose una reforma tributaria que redundará en 8 billones de pesos como aportes adicionales al erario nacional.

En muchos gobiernos latinoamericanos se ha hecho claro que con el fin de establecer inversiones, edificar infraestructura física y no aumentar los impuestos a las empresas en nombre de un supuesto círculo virtuoso de inversiones en la economía real, los fondos se obtienen de impuestos indirectos y de aumentos de la deuda. Al menos el aumento de la deuda corresponde al modelo de financiamiento seguido en la Argentina de los años noventa, y que desembocaron en los trágicos acontecimientos del 20 de diciembre de 2001, día del colapso del gobierno de Fernando de la Rúa.

(Lea: Leve descenso del saldo de la deuda externa colombiana

Con base en lo expuesto anteriormente, los gobiernos pueden llevar a cabo ciertas obras, mantienen su funcionamiento, y no castigan a quienes, desde las grandes corporaciones son parte del eje de poder real de la sociedad y que como tales están en la posibilidad de patrocinar las campañas políticas. También está la colecta producto de impuestos indirectos o regresivos como el IVA, pero estas medidas no son muy populares y constituyen una excelente fuente de desgaste político para los actores en el poder público.

Los problemas de la deuda externa gravitan muchas veces en la creación de fuertes nexos de vulnerabilidad para las economías. Es de tener presente siempre los problemas que trajo la crisis de los años ochenta a raíz de los endeudamientos de la década anterior. En especial el peso de la deuda sobre el total de producción tiende a restringir notablemente, oportunidades de innovación, de mejoras en la competitividad y de solventar en algo, el déficit de demanda interna que tienen los países latinoamericanos.

Giovanni E. Reyes,
Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.
Profesor Titular y Director de la Maestría en Dirección de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario

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